El único camino

Todo llega. Absolutamente todo. La realidad termina siendo un reflejo de la imaginación. Y el ser humano desea incluso lo imposible para que pueda llegar a ser cierto.
Dudar, temer, desganarse, sufrir, llorar, la soledad, el desanimo, la felicidad que viene y va. Eso es el coste del peaje. Todo tiene un precio en esta vida. Mayor o menor. Eso es igual. Pero todo lo que llega te obliga a ceder parte de ti.
Lo peor es la incertidumbre. Cuándo. Cómo. Para qué. Si no hay respuestas cualquier precio parece alto, desproporcionado.
Aunque todo llega.
Es en ese momento (y sólo en ese) cuando descubrimos el verdadero valor del esfuerzo, lo que ha rentado la espera. Y los valores se achican. Si ha merecido la pena, si nos parece justo lo que recibimos a cambio, lo perdido no importa. Siendo al contrario nos conformamos porque es necesario sobrevivir.
Aunque sea caro tenemos que esperar porque todo llega.
T.S. Elliot escribió unos versos que decían “Mi vida vana espera el viento de la muerte / Como pluma en el dorso de la mano.”
Esa es la mala espera. La de una vida que ya no puede dejarse nada por el camino, la que perdió todo con impaciencia, la que nunca tuvo una migaja para sacrificar.
Y llega siempre. Todo.


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