Elecciones

Elegir entre cara y cruz de una moneda presenta cierta dificultad. La mitad de las posibilidades están en el lado contrario. Elegir carne o pescado parece cosa fácil aunque podría ser que el pescado fuera congelado y te cobraran un riñón por él o que la carne estuviera hasta los topes de hormonas repugnantes.
Pero todo se puede complicar hasta límites improbables. La elección más difícil es la que tiene que ver con el hombre o mujer de tu vida. Hay que tener mucha suerte si entre diez mil millones de personas encuentras lo que buscas. Nos sorprende el alto número de divorcios y fracasos de pareja que se producen a diario en el mundo cuando, en realidad, la noticia es que alguien encuentre a su pareja perfecta entre tanto donde elegir. Y no dejo de pensar en lo absurdo que me parece. Eso de separarse en tan viejo como el hombre. En las cavernas, los matrimonios eran mucho más cortos que ahora. El macho regresaba de cazar, comía la mejor parte de la pieza, miraba alrededor para elegir a la hembra y diez minutos después la pareja era historia (para ser exacto debería decir prehistoria).
Nos pasamos la vida eligiendo entre cara y cruz sin asumir que no sirve de nada. De nada. Entre otras cosas porque en la otra parte está lo que buscamos. Es algo que suele ocurrir. Nos pasamos la vida buscando eso que creemos que es lo sublime sin asumir que no existen más allá de cero coma cientos de ceros y un uno al final de probabilidades de encontrarlo. Nos pasamos la vida pasando la vida. Y creyendo que inventamos el mundo cada día. Incluso los divorcios. Y es que somos incorregibles.


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