Espejos

Un niño que acaricia la piel del padre recuerda a la muerte cuando señala al siguiente. No es piel contra piel. Es futuro contra pasado de tiempo inservible, las cosas que nunca fueron, la fatiga de saberse a medio camino o más. O más. A solas, el padre se dice que aún tiene fuerza, que ante el espejo sigue viendo a un chaval como cuando era un chaval, que la inmortalidad es aliada. Pero sólo cuando nadie le ve. Si el hijo le mira y sonríe, él sabe que cada engaño le puede aplastar con moverse una pizca. El niño se torna espejo reflejando vejez, la de ahora sumada a la que llegará, absorbiendo lo vital que queda. Apenas una ilusión. La vida maltratando a la vida, la deshace entre roces y sonrisas melladas. La muerte señala con algo más de tino.


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