Estado de animo

Plantar una semilla, pasear tranquilamente por la ciudad o jugar con un niño en un parque, es un estado de ánimo. La realidad es un estado de ánimo. Porque eso que vemos, que disfrutamos o sufrimos, es la que construimos nosotros mismos. La realidad es lo que tenemos porque no somos capaces de armar algo distinto o no queremos tener otra. Las imposiciones no existen. Son excusas que nos permiten tirar la toalla o mirar hacia otro lugar sin tener que dar demasiadas explicaciones. Tener un culpable o un imposible cerca nos evita muchos quebraderos de cabeza. Sin embargo, en un desastre siempre puede verse una posibilidad, una forma de entendimiento distinta. Aunque es la zona difícil y árida. Es mucho más sencillo echarse en un rincón a lamerse las heridas, a culpar a otros y a todo lo que nos ocurre.

Tomar un café con un amigo, hacer la cama a medias con la pareja (deshacerla, también), compartir una idea con un joven ansioso por aprender. Todo es un estado de ánimo. Todo es una realidad amable que no disfrutamos mientras decidimos como malvivir sin tener en cuenta lo importante. Pero ¿qué es eso tan importante que buscamos desesperadamente en el entorno? Pues me temo que nosotros mismos. Y, da la casualidad, que formamos parte de ese entorno, pero no somos nada que ande suelto sin control. Nosotros somos nuestra realidad, lo verdaderamente importante. Nada fuera de nosotros es la solución. Nada. El estado de ánimo tan deseado y tan urgente somos nosotros. Y la solución y la capacidad para entender un problema y la de escuchar para poder tomar decisiones y la única forma de manifestar nuestro amor por el universo entero. Somos el centro del mundo.

Dejar con cuidado un vaso sobre la mesa, colocar el flequillo a un niño, sonreír al que se cruza con nosotros en la escalera de casa. Eso es un estado de ánimo. Lo demás son excusas para no ser. Por mucho que nos estén haciendo la vida imposible las personas, el dinero o cualquier cosa, sólo son excusas.


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