Exámenes finales

Al mismo tiempo que la economía de Estados Unidos se desplomaba el año mil novecientos veintinueve, el cine dejó de ser pura imagen y aparecieron las primeras películas sonoras. Hoy, al mismo tiempo que la economía mundial explota por los cuatro costados (y la moral y la ética y los valores, aquí está explotando todo), los recursos técnicos que se utilizan para hacer cine son grandiosos. Parece que cuando las cosas van fatal necesitamos recrear una realidad alucinante que nos permita tener esperanza. El ser humano siempre intentó salir adelante a base de relatos, de mundos ficticios, en los que pensar para buscar salidas completamente delirantes en el momento de ser pensadas. Si una persona muerta hace veinte años (una insignificancia respecto al tiempo que el hombre lleva habitando el planeta) regresara a la vida no reconocería nada de lo que pasa. Nunca la humanidad avanzo tanto en tan poco tiempo, nunca la humanidad destrozó tanto en tan poco tiempo. Nunca la inteligencia fue tan despreciada, nunca lo superficial sirvió tanto a los ignorantes.
Hoy, después de fallar un premio literario, he tomado un café con David Conte que me acompañaba, entre otros, como miembro del jurado. David es profesor y buen poeta. Entre las risas de ambos, me contaba que una alumna le preguntaba el primer día de clase si el examen final “sería de pensar”. Bonito planteamiento. Y es que me temo que las preguntas que rondan las cabezas son esta o parecidas. ¿Podré pagar la hipoteca? ¿Aseguro el coche a todo riesgo o a terceros? ¿Se llevará el rojo este año? ¿Implante de pelo o mi atractivo físico es arrollador con calva y todo? Es como si el progreso técnico fuera suficiente y pudiéramos dedicar nuestra vida a cultivar gilipollez tras gilipollez. La televisión funciona, todo está bien. Mi automóvil es cojonudo, todo está bien. ¿Y mi cabeza? ¿Cómo está mi cabecita de sana? Bueno, eso es igual, la tengo sobre los hombros, todo va bien. Además, hay unos cuantos artistas que se inventan chorradas para que yo sea feliz. Cuanto más tontas las invenciones, más feliz me siento. Si son un poco profundas paso, no vaya a ser que me dé por pensar.
La verdad es que me hace muy poca gracia todo esto. Nos limitamos a seguir las instrucciones que nos dan desde los medios de comunicación. A cambio, nos prometen el oro y el moro que es lo que cuenta. Si no llegan ni el oro ni el moro (esto último depende de cada país), no pasa nada. Ya nos venden otra borrica para tenernos tranquilos.
Esta vez el crack tiene que ver más con las personas que con la bolsa. Se ha hundido el ser humano. Pero da igual porque nos desplomamos sentados al volante de un bonito automóvil y vestidos a la última. La ficción está en manos de señores que no entienden una mierda qué significa la palabra cultura. Pero da igual porque nos dan cositas fáciles de entender y eso nos hace sentir muy relistos. Y tenemos nuestras cabecitas sobre la cabeza. Sin una puta idea dentro, pero en su sitio.
Y el caso es que el examen final va a ser “de pensar”. Todos suspensos. Qué bien.


2 Respuestas en “Exámenes finales”

  • Edda ha escrito:

    Nunca pensé que diría esto, pero después de leerte, digo rotundamente: ¡Quiero que me suspendan! Lo siento pero es que hoy mi cabeza ya no da para más.

  • Poma ha escrito:

    Con un aprobado justito, me valdría. Pero es duro pensar y deprime y no hay respuestas y ….
    Que me quedo en un 4,4.