Excusas, reproches y corazas

Vivo entre excusas. Todos a los que miro llevan añadido una enorme, maravillosa e infalible razón por la que su existir roza la perfección, les convierte en inocentes y, es más, les permite convertir cualquier problema en cosa de otros, culpa de otros. Da igual lo que haya sucedido. “Es que tú”, “esto no hubiera pasado si tú”, cosas así suelo escuchar cada día. Es curioso que tanto tú aparezca cuanto más se piense en el yo. Reprochar parece la mejor forma de evitar cualquier conflicto interno y el yo crece sin que nada ni nadie pueda pararlo. Gran error eso de pensar que si destruyo al otro yo me libro de la quema.
Seguramente me pase a mí lo mismo. Pero, al menos, me paro a pensar sobre ello, intento analizar las causas de una actitud tan lesiva, tan destructiva. Al menos sé que lo puedo estar haciendo o lo puedo llegar a hacer. Al menos procuro dejar la soberbia a un lado para reflexionar un momento aunque luego no sirva de gran cosa.
Cargarse de razón (si es que existe eso) es lo más lamentable que le puede suceder a nadie. Puedes llegar a dejar de querer a otros, creer que eres una especie única en el universo a la que los demás deberían alabar constantemente, convertir a los otros en un grupo de seres a los que no tienes más remedio que aguantar de forma piadosa. Es nauseabundo.
Yo parezco estar en esas a menudo. Sin embargo, sé que no, que puedo mantener posturas más o menos rígidas hasta cierto límite para luego ceder parte de lo que creía intocable, que necesito de los que me rodean para poder salir adelante. Cargarse de razón no es lo mismo que parecer estar hasta los topes de ella. Además, desconfío mucho más de los que no se dejan ver, de los que parecen amables cuando, en realidad, son marmolillos con su verdad a cuestas. Así que me considero hasta inofensivo al lado de algunos que tengo cerca.
Detesto las excusas porque son la máscara del reproche. Y detesto el reproche porque creo que es lo que puede llevar a la infelicidad por el camino más corto. Es, sin duda, lo más insoportable que se puede encontrar el ser humano por el camino.
Hoy he vuelto a sacar la coraza del armario. Llevaba algún tiempo guardada. Está visto que, por muchas esperanzas que pongas en esto o aquello, lo que hay es muy difícil de modificar. La llevo puesta, bien montada, si fisuras. Y miro el camino que espera. Respiro fuerte, comienzo a caminar y puedo ver desde donde estoy como me voy haciendo pequeño a medida que avanzo por el sendero.


3 Respuestas en “Excusas, reproches y corazas”

  • Edda ha escrito:

    Ser consciente de que puedes estar haciendo daño y reflexionar sobre ello, sí es rozar la perfección. Ser consciente y que te dé igual no.
    Lo malo de la coraza es que evita tanto el daño como el cariño.

  • Anónimo ha escrito:

    Sí,vivimos entre excusas,y nadie es inmune a la quema.
    Sí,es nauseaubundo y lamentable,pero todos lo hacemos para salir adelante.
    Los reproches son detestables,aunque a veces sean simples corazas.

    Feliz camino por su particular sendero,Sr.Ramírez,ud. jamás se hará pequeño,lo que escribe le hace grande cada día más,si cabe,cuanto más camina.

    P.D:Tengo aprendido que reprochar es arrimar la culpa al otro sin hacerse preguntas. Eso o formularlas teniendo preparada una respuesta que empuja con fuerza el conflicto evitando el roce. Todo lo anterior deja de tener significado, importancia. El sujeto se parapeta tras el altar de la media verdad cargado de razón, generalmente apoyado por el que quiere escuchar un relato que cuenta con el narrador equivocado.
    (G.dixit)

  • Amparo ha escrito:

    Cargarse de razones por miedo a perderla….
    grande, grande es esta reflexión D.Gabriel….
    cuánto me ha ayudado a entender lo que yo pensaba!
    un afectuoso beso