Falta algo menos de siete días

Guillermo viaja hacia Andorra. Esta mañana le hemos dejado, su madre y yo, en el autobús. Quinientos chavales. Mil padres. Mil preocupaciones. Un frío intenso. Silvia tan entusiasta como de costumbre, tan tierna como sólo una madre es capaz de hacerlo. Quinientas caras de felicidad. Manos agitándose tras el vidrio. Alguna lágrima de los más dependientes. Siete días sin él.

La casa está algo vacía. Falta uno. No han pasado más tres horas y ya le estamos echando de menos. Todos sin excepción. Sus quejas por las molestias de los dos pequeños, sus rabietas con el mayor porque impone su ley, el sonido del piano, verle de aquí para allá con el libro en la mano. Falta uno y la casa se resiente.

La ausencia se instala.

Escucho música mientras escribo. George Mraz. Una estupenda versión de “Cinema Paradiso”. Esperando.


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