Feliz Día del Padre, hijo

Un día como hoy se vive en casa cierto revuelo.
Gimena me ha despertado para entregarme su regalo. Un marcador de páginas con forma de semáforo. Sonreía cuando le he dicho que era una preciosidad. Guzmán ha llegado a continuación. Una tarjeta escrita en inglés (acaba de aprender a trazar sus primeras letras) y un botecito disfrazado de elefante para que pueda guardar mis bolígrafos junto con otra tarjeta escrita, esta vez, en castellano. Vas a alucinar, papá. Y con cara de sorprendido le he dado un beso. Es adorable este niño. Guillermo (con la colaboración de su madre) me ha entregado una nueva estilográfica y un llavero. Marca Mont Blanc. Excelente regalo. Le he prometido que el día que acabe el bachillerato, la pluma volverá a sus manos. Gonzalo ha sido el último en llegar. Feliz día del padre. Tono seco. De adolescente. Dos camisas preciosas que hacían mucha falta. De Silvia he recibido lo mejor de todo. Eso queda entre los dos.
He dedicado buena parte de la mañana cargando las estilográficas nuevas (tenía sin estrenar la que llegó de parte de Andrés y Esperanza el día de mi cumpleaños), limpiando las antiguas. Al fin y al cabo son las herramientas que me permiten hacer lo que más me gusta. Cuando ha llegado el turno de mi vieja Mont Blanc cada movimiento se ha convertido en un recuerdo. Desde que la tengo la casa se ha ido llenando de niños, perdí a mi hermano Antonio, a mi padre, con ella he escrito dos novelas, un buen número de artículos de crítica literaria, todas las entradas de este blog excepto la que leen, poemas que nadie vio y están olvidados en la carpeta azul (afortunadamente para este autor). Mi pluma, su inseparable y fundamental tinta verde. He limpiado cada una de las piezas con esmero. No la he vuelto a cargar. Junto con el portaminas y el bolígrafo la he vuelto a guardar en su funda. Merece un descanso. Ya hizo bastante por mí. El próximo que la utilice será Gonzalo.
Día del Padre. Llevo unos días pensando en la Tercera Carta al Padre que escribió Manuel Rico. Es de las pocas cosas que guardo en la memoria. Y aquí la dejo como homenaje a todos los que ya son padres y que van haciendo lo que pueden, a los hijos que lo serán.
Coser tu nombre en el vacío árbol es coser dulce ausencia en tu nosér. Ahora es todo luz y pozo azúcar, fácil conciencia de alquitrán muy húmedo. Nadie barrió la frente en mi memoria, nacieron palos: fruto en devenir.
El sol ahorma un padre en mí y tú no serás más el padre. Seré yo el fruto arrancado de tu árbol con mis propias manos: sangre de tu sangre.
Que el toro llore de sus ojos astas y embista el sexo a la mujer olivo, ¡porque los niños ya no importen nada!, ¡porque los niños sigan siendo niños!

Día del Padre. Un día que se vive en casa con cierto revuelo. Y yo con un punto de tristeza. Y de esperanza al pensar en su futuro.


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