Feliz noche cualquiera

De todos esos que hemos conocido, esos que tuvimos por buenos amigos y de los que no somos capaces de recordar su nombre o su rostro con claridad; de esos apenas queda una duda sobre lo que representa el pasado.Amistad, palabra gruesa y traicionera. En cuanto podemos la colocamos al lado de alguien para sentir que nos arropa, que no estamos solos y que hará por nosotros cualquier cosa cuando el mundo se ponga enfrente con hostilidad. Del mismo modo que deseamos un coche estupendo o una inteligencia prodigiosa, necesitamos creer que estamos rodeados de grandes amigos.Como casi siempre, es el paso del tiempo lo que hace que se diluya una niebla trenzada con ilusiones, promesas absurdas, mentiras y deseos que estuvieron un instante antes de convertirse en otra decepción.Sólo los amigos que se hicieron al margen de lo material, los que compartieron los desastres de antes y siguen haciéndolo con los de ahora, los que son capaces de dar un giro a su vida pensando en la del otro, los que no preguntan cuando les pides que hagan esto o aquello, sólo esos son. Pocos, muy pocos. Podemos recordar su nombre aunque pase un siglo y hasta el último rasgo de su rostro porque están en el lugar que esperamos encontrarlos. Nunca se equivocan. El resto, los que toman copas alguna vez y ríen tus gracias, los que te animan a hacer alguna locura y se esconden por si las moscas, los que dicen quererte aunque te están haciendo trizas en cuanto desapareces, esos, no son nada.Siempre he sido hombre de pocos amigos. Los que han aguantado el paso de los años ahí siguen, sin moverse ni un milímetro, en la vieja fotografía que nos hicimos en la playa mientras pensábamos en todo lo que no fuera el futuro; seguimos sin llamarnos en navidades porque nos pareció siempre estúpido y preferimos que la única conversación del año se produzca en el momento más inesperado, cuando hace falta.Esta noche millones de personas jugarán a quererse más que nunca, comerán cantidades improbables de gambas, el vino hará que canten y crean ser los más mejores amigos del resto de la humanidad. Qué idiotez.Como me voy haciendo mayor, hoy estoy especialmente satisfecho. Cenaré en casa. Con mi mujer, mis hijos y la abuela Sagrario. De una madre, afortundamente, no se puede ser amigo. Del mismo modo que no puedes serlo de los hijos. Cuando eres hijo o padre el papel se reduce a ese. Nada más. Así que cenaré con la familia. Y con Silvia, mi esposa. Como de costumbre está donde toca. Nunca se equivoca. Es la única amiga que se sentará a la mesa. Y, como no hay nada que demostrar porque hemos hecho la tarea durante todo el año, nos acostaremos pronto. Nada de jugar a la amistad. Ya lo hice siendo joven con otros para, ahora, no acordarme de sus nombres, ni de sus caras. Una cena. Una noche más. Tan sagrada como cualquier otra.


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