Festival

Guzmán y Gimena ya han actuado en su festival de navidad. Lo han hecho muy bien, se han sentido enormemente importantes y (junto al resto de compañeros) lograron que las miradas de los padres y madres fueran, por unos minutos, tan limpias como la de ellos. Los niños hacen que los adultos se conviertan en niños. Los adultos trabajamos duro para que los niños se conviertan en adultos. Gran y penosa diferencia.
Ambos, Guzmán y Gimena, me han buscado nerviosos. Hasta que no me vieron levantar la mano con discreción no pararon. Lo mismo hicieron el resto de niños y niñas. Lo mismo hicieron el resto de padres y madres. Lo que no saben, Guzmán y Gimena, es que era yo el que me tranquilizaba al saber que ellos me encontraban. Imagino que a los demás les pasó algo similar. A los padres nos parece que nuestra presencia es tranquilizadora para los pequeños. Instinto de protección.
Aún hoy, me sigue conmoviendo ver como mi madre se acerca, se deja ver, cuando intuye que algo va mal. Quiere estar porque sabe que es eso, y no otra cosa, lo que sirve finalmente.
Aún hoy, después de un número de festivales navideños importante sobre la espalda (quince años asistiendo, cuando no es a una obra de teatro es a un espectáculo de danza y cante, son muchos años), aún hoy, decía, me sorprende la capacidad de los adultos para dejarse de idioteces y participar en la vida de sus pequeños. Sorprendente por lo sano y poco frecuente. ¿Qué trabajo cuesta hacer estas cosas más a menudo? ¿Por qué parecer héroes de pacotilla y engañosos cuando el niño quiere un compañero de juegos que mida más de uno treinta?
Olvidamos nuestra niñez pronto. No hacemos nada por recuperar algo de ella. Cuando lo hacemos nos encanta. Pero a los quince minutos lo olvidamos de nuevo.
Ya sé; hipotecas, problemas laborales, matrimoniales, falta de fuerzas; ya sé. Aunque se me antojan excusas endebles, casi estúpidas.
Hoy quiero ser un niño de cinco años. O de tres. Bailar y cantar sin prejuicio alguno. Quiero poder buscar con la mirada a quien me quiere sabiendo que no me va a fallar. Deseo poder hablar con los demás de lo importante (no se me ocurre nada más sugerente en este momento que mantener una profunda charla sobre plastilina o un dibujo de un monigote). Quiero ser un niño. Es muy fácil. Miro a los ojos de mis hijos. Lo demás es coser y cantar.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


3 Respuestas en “Festival”

  • Edda ha escrito:

    A los niños les encanta que nos pongamos a su altura. Los míos ya leen por su cuenta, pero yo sigo leyéndoles cuentos y poniéndoles voces a los personajes. Se parten de risa. Ese rato vuelvo a ser una niña, pero en privado.

  • MERCHE ha escrito:

    Es que no hay que dejar de ser niño.. yo aún hoy en día y con mis hijos ya super adolescente hago el ganso muy a menudo… primero me dicen que que hago..¿Que haces me dicen? pero terminan descojonad@s de risa… (^_^) son momentos mmmmm geniales.. lo seguiré haciendo…

  • Poma ha escrito:

    Pues sí.Mi abuela mujer sabía donde las hubo ..siempre decía "En todas los casas siempre debería haber un bebé.Egoista que es una no le hice caso me quede que uno. Pero aún asi con casi 20 años,el mio me llama para que enceste una pelota de tenis en una minicanasta instalada en su habitación.-Si metes tres hago yo la cena …será capullo ¡¡¡ Cualquier día el vecino del 4º nos denuncia.