Fortunas. O no.

Muchas veces me he preguntado si soy un hombre afortunado. Y nunca he sabido contestar a esa pregunta.
Siendo muy jovencito (ha sido la única vez en mi vida que tuve una experiencia como esa), una compañera de estudios me llevó hasta la casa de una mujer que afirmaba poder adivinar el futuro con una baraja de cartas españolas. Si no recuerdo mal, su nombre era Araceli. El de la adivinadora de vidas. Mi compañera se llamaba (la llamábamos) Mai. Aquello fue un espectáculo de luz y de color. Todo parecía indicar que estaba tocado por la diosa fortuna. Recuerdo que me hizo cortar la baraja tres veces durante el rato que estuve frente a ella. Una tras otra, apareció el as de oros. Eso significaba que, poco más o menos, mi vida sería algo así como un paseo militar. También recuerdo que mi amiga sonreía al mirarme (andábamos tonteando y nos besábamos en los parques o en la cafetería de la escuela). Por supuesto, no me creí nada de lo que me dijo aquella señora e interpreté la sonrisa de mi amiga como un gesto que hace la chica a la que le gustas. Ni más ni menos. Pero, para ser sincero, diré que aquello del as de oros se me quedó grabado. Todavía hoy, cuando veo la carta pienso en lo afortunado que debería ser. Tres ases de oros. Un auténtico tesoro.
¿He sido tan afortunado como prometía la baraja? No lo sé. Supongo que sí. En realidad, no puedo quejarme. Los palos que me ha atizado la vida son los que son. Lo bueno que podría contar es lo que es. Tal vez la fortuna es poder contarlo aquí mientras fumo un cigarro, tomo una copa y recuerdo la cara de aquella chica a la que tanto le gustó el arroz de mi madre. Quizás la fortuna, la buena fortuna, sea que puedo fingir haber olvidado lo que representó un bache en mi vida. Es posible que la mejor de las suertes sea saber que tu vida es una auténtica mierda (como la de todos), pero asumir que es así, que es la que tienes y, sea como sea, hay que acabarla con cierta elegancia.
Al fin y al cabo, soy de los pocos que pueden presumir de llevar tres ases (de oros) bajo la manga.
Ahora toca disfrutar del silencio de la casa, de otro cigarro, de la música que más me gusta (ya saben que está aquí debajo, justo debajo de este texto, de cada uno de ellos). Todo un lujo.


1 Respuesta en “Fortunas. O no.”

  • Edda ha escrito:

    Acabo de sacarme de la manga el as de copas. Brindo contigo porque de alguna manera, aunque los ases de oro los tengas tú, yo también me considero afortunada. Buenas noches.