Gotas de sol

Lee el periódico. La luz del sol parece que llega a poquitos. Hoy llueve el sol, piensa. Pocos paseantes en el parque.
Una pareja se detiene frente a ella. Diez o doce metros más allá, donde la tierra húmeda acaba y comienza una pradera inmensa.
Él se tumba. Las manos en la nuca, las piernas cruzadas. Ella se sienta muy cerca. Se agarra las piernas con los brazos. Las rodillas pegadas al pecho. Escucha mientras él habla.
Imagina cómo es la conversación Es posible que sea la misma que ella tuvo alguna vez. Cree que la muchacha está fingiendo algo de desinterés, tal vez un pequeño y absurdo enfado. Si estuviera irritada ya le estaría poniendo las cosas en su sitio. No guardaría tanto silencio.
Él se incorpora. Apoya la mano izquierda en el suelo. Con la otra intenta que ella deje de agarrarse las piernas. Está serio. Dice algo mientras ella parece impasible.
No, deja que sea él quién haga el trabajo, que se tome esa molestia. Tú en tu sitio, piensa mientras deja de disimular su interés. Ahora no aparta la vista de lo que pasa. No se lo perdonaría. Se excusa consigo misma. Y tú, chaval, deberías mover ficha. Así no vas a ninguna parte.
El muchacho se arrodilla ante ella. Se quita el chaquetón y lo extiende a su izquierda. Dice algo que hace sonreír a la chica. Se acerca moviendo las rodillas con rapidez.
Ve cómo se besan. Ella ya no ofrece ningún tipo de resistencia. Se tumban sobre el abrigo del muchacho. Ella sobre él.
Le parece que no debe seguir mirando. Sigue con la lectura de la prensa. Cuando vuelve a husmear, la pareja se mira. Tumbados de costado, frente a frente. Llega su marido. Impecable, gafas de sol, ademanes de quien lo tiene todo resuelto. ¿Sabes? dice ella, hoy parece que el sol está lloviendo, ¿te habías fijado? El marido se quita las gafas. Extrañado, se sienta cruzando las piernas. Mira a su mujer. Y le pregunta si está bien, que últimamente dice cosas muy raras.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


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