Hablemos

Para Carmen Fabre porque ella sí dice lo que piensa

Soy de los que piensa que la cosa dicha comienza a ser. Pensamos y todo parece confuso. Decimos y todo se hace real. Verbalizar, poner nombre a las cosas, ordenarlas con el discurso que entendemos (sujeto, verbo, predicado), hace que podamos sujetar la realidad, entenderla y poderla explicar.
Del mismo modo, creo que utilizamos el lenguaje para hacer de esa realidad un lugar habitable, un espacio en el que poder vivir sin grandes arrepentimientos, sin enormes culpas o la sensación de ser indignos. Cualquier problema lo envolvemos en las palabras justas y parece que el alivio es suficiente. Es el gran vehículo de escape para el ser humano. Nuestras carencias las podemos esconder tras una frase pomposa, nuestra falta de amor queda solventada con una excusa adornada con adjetivos extraordinarios, la falta de ideas la escondemos con palabras huecas que otros no entienden y dan por buenas. Si hay que escapar lo mejor es hablar.
Vivimos un mundo cubierto de excusas. Nuestra falta de solidaridad se arropa con opiniones en prensa, redes sociales, radio y blogs de todo pelaje. Hablamos, no paramos de hablar, pero nadie mueve un dedo. La militancia de hoy es una militancia escrita en letras de imprenta que otros aplauden desde su propia falta de humanidad. El carro de la palabra que defiende esto o aquello está hasta los topes. Sin embargo, la militancia es algo que estamos olvidando. Preferimos hacerlo desde las pantallas de ordenador porque nos faltan fuerzas, ganas e ideas. Unos mueren de hambre y otros lloran bits. Así están las cosas. Pero las frases, los millones de frases diarias, alivian las conciencias de quien las escribe y de quien las lee. Nos han enseñado que el bienestar se logra a costa de los más pobres, que eso no tiene arreglo porque siempre hubo pobres y siempre hubo ricos. Una gran mentira que se ancla a un consumo desproporcionado que no sabemos parar (eso depende de nosotros y seguimos gastando, comprando y vendiendo como si nos fuera la vida en ello), un consumo que no queremos ver finiquitado porque el miedo a no ser nada nos oprime. Somos, ya no lo que tenemos, sino lo que compramos, lo que somos capaces de consumir.
Y hablamos, mientras, para construir una coraza colectiva que toma forma desde el lenguaje de cada uno. Explicamos, valoramos y pedimos justicia para los que están a punto de morir de hambre desde la palabra. Desde millones de bits perfectamente colocados.
Pues si es así, hablemos. Digamos lo que pensamos sin mostrar actitudes defensivas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a un puto gracioso gastar chistes sobre los pobres, los negros, los judíos, el hambre, los gays o sobre los más débiles de la empresa o el aula? ¿Cuántas veces hemos afeado la conducta al gilipollas de turno, al jefe de sección al que todo el mundo ríe las gracias por miedo? Hagamos el camino desde ya. Desde el mismo lugar que hemos cubierto el mundo de idiotez. Hablemos, movilicemos consciencias a base de decir y repetir. Y, si por el camino nos meten un par de hostias, aguantemos lo que toque. De otro modo nos estaremos convirtiendo en monigotes, en fundas de palabras bonitas que sólo tapan la fealdad.
Soy de los que piensa que la cosa dicha comienza a ser. Decimos y todo se hace real. Hablemos, pues.


2 Respuestas en “Hablemos”

  • Celina ha escrito:

    “Te leo,… me gusta, mucho, y, tanto como hablar.

  • YOLANDA CLUA ha escrito:

    “Te leo, ¿que tal?. No entiendo, muchas veces…… pero intento descifrar la comunicación escrita en sus palabras usadas….. … Me imagino, me sorprendo e intuyo, un halo de luz en sus escritos… siga escribiendo, “”nosotros los otros” ( receptores) esperamos sus escritos… Atentamente YC