Helado de Vainilla

Ella le dice que se está derritiendo como un helado de vainilla. Lo hace sonriendo, apoyando la barbilla entre las manos que se juntan en las muñecas.
Él mantiene su semblante serio, casi impasible. Le enseñaron que lo otro era cosa de mujeres. Juguetea con los cubiertos aún limpios. No aparta la vista de ella.
Ella cambia de postura. Alarga el brazo para posar la mano sobre la de él, sobre la que jugueteaba con un cuchillo, la derecha.
Él no hace un solo movimiento. Deja que le toque. No quisiera parecer descortés. Con las mujeres nunca, le dijeron siendo niño.
– Cada cosa que te oigo decir hace que funda. Me tienes loca, dice.
– Deberíamos controlar la situación. Los excesos se terminan convirtiendo en locuras, dice.
Ella se levanta para ir al lavabo. Él mueve la cabeza afirmando, queriendo decir que le parece muy bien. Eso parece. Y es que le dijeron que hay que mantener un punto de autoridad ante las mujeres.
Cuando ella está lo suficientemente lejos, él se mira los pies. Un pequeño charco amarillento, las manos comienzan a gotear ese mismo líquido. Siente como va perdiendo volumen. Y, mientras, sigue pensando en esa sonrisa, en su voz. No puede dejar de hacerlo, no quiere hacerlo.
Nadie le había dicho nada sobre lo que le pasa.



2 Respuestas en “Helado de Vainilla”

  • Núria A. ha escrito:

    Cosas y eso. Muy chulo.

  • Edda ha escrito:

    Pues cuando vuelva y vea lo que ha ocurrido, se va a poner muy contenta.
    Hay cosas que no se pueden explicar. Hay que vivirlas.
    ¡Ups! Acabo de decir una mentira. Tú acabas de hacerlo muy bien.