Heroísmo

Caminaba entre los soldados que descansaban sin soltar el arma. Pronto escucharían el ruido del silbato. Un pitido agudo y eterno que les indicaría el momento de morir. Unos se apoyaban en las paredes de la trinchera; otros, sentados, hablaban entre ellos, jugaban a los dados o escribían en papeles arrugados. Muchos gastaban bromas a los más nuevos entre carcajadas. Siempre es lo mismo, pensó, cuanto más nerviosos están más se ríen. El sonido de un obús que llegaba hizo que todos hicieran un gesto rápido, casi histérico, como si pudieran hacerse más pequeños sobre el barro. Estalló cincuenta metros más allá de la trinchera. En tierra de nadie, gritó, pero cuidado que estarán corrigiendo el tiro. El próximo le arrancará los huevos de cuajo a unos cuantos. Y al escucharle algunos rieron. Los más asustados.
El silbato. Hombres subiendo por las paredes de barro, algunos cayendo con el cráneo agujereado, con el pecho humeante. Ruido de obuses. Cuatro o cinco al mismo tiempo. El humo no deja ver. Ruido, sólo ruido. Gritos. Disparos.
Pararon para descansar a medio camino. No habían sobrevivido ni un tercio de los hombres. Se cubrían con el cuerpo de los muertos. También de los heridos que maldecían a los suyos. Apoyó la cabeza sobre el cuerpo de un hombre al que había conocido poco antes. El silbato sonaba, pero nadie hacía caso. Fue entonces cuando un sonido parecido al de su silbato pudo escucharse. El enemigo. En un minuto los tendrían enfrente, con las bayonetas caladas, queriéndoles aniquilar. Los hombres comenzaron a correr en la dirección equivocada, no era una opción eso de huir como conejos. Aguantaron la posición quince o veinte.
Los gritos se acercan. Ya puede oírse cada pisada. Alguien ordena no parar hasta llegar a la trinchera de esos cabrones. Aquí hemos venido a que nos arranquen la vida y si no son ellos seré yo mismo. Un hombre pasa por encima de él y sigue corriendo. Otro más. Deben pensar que está muerto. Huele a sangre. Intenta no mover un solo músculo. Quizás tenga suerte. Un dolor repentino en los riñones. Insoportable. Siente que se le viene la sangre a la boca.
Trasladaron los cuerpos en carros de los que tiraban los prisioneros. El suyo estaba debajo de todos los demás. Aplastado, sucio, irreconocible.
El regimiento, dos mil quinientos hombres, se había reducido a treinta y nueve. Pasó a la historia de su país como el que mayor número de bajas sumó durante toda la guerra, como un ejemplo de heroísmo.


1 Respuesta en “Heroísmo”

  • Edda ha escrito:

    No recuerdo quién dijo que los cementerios están llenos de valientes. Se equivoca. La muerte llega para todos. Los que luchan por sobrevivir y los que no. Los valientes y los cobardes.