Historia universal (1)

Arg se llamaba así porque nadie sabía decir otra cosa. De hecho, todos los hombres de la caverna se llamaban igual. Del mismo modo, todas las mujeres se llamaban Irg.
No crean ustedes que había muchos problemas de entendimiento. Los motes aparecieron casi al mismo tiempo que los primeros nombres. Aunque no se decían. Por ejemplo, Irg la guarra consistía en decir Irg y eructar o lanzar ventosidades a la atmósfera. Irg la guapa era llamada con un movimiento de cadera que iba de atrás hacia delante y se repetía con cierto ritmo. Arg el odioso era llamado con un Arg en el que la pronunciación de la a era casi eterno. Aaaaaarg. Algo así. Se apañaban bien en esa caverna.
Arg el listo era, como su propio nombre indica, un hombre algo menos tonto que el resto. Antes de morir fue capaz de entender que había día y noche. A nosotros esto nos puede parecer muy fácil, pero para él y para el resto de la tribu eso que llamamos anochecer significaba el fin del mundo. Y que se acabe el mundo cada veinticuatro horas es agotador. La pena es que Arg el listo lo descubrió poco después de que Arg el chamán inventara la religión. Y por no desilusionar al flamante sacerdote, mago, curandero y nuevo diseñador de cosas para el astro que se escondía con insistencia, lo dejó estar. Al poco tiempo, se arrepintió de ello porque la religión se puso de moda y consistía en llorar y patalear al atardecer hasta que se elegía al primero que pasaba por allí para sacrificarle y ofrecérselo al sol. Arg el listo se arrepintió porque estuvo un par de veces entre los elegidos para morir entre grandes padecimientos y alaridos. Se libró fingiendo estar muerto.
Arg el listo; que como su propio nombre indica, tenía un coeficiente intelectual casi sobrenatural (entre doce y quince); veía las cosas muy claras. Tanto que decidió inventar las pinturas rupestres. Preparó muchas cosas para mezclarlas y que apareciesen diferentes colores. Cuando tuvo todo preparado congregó al resto de hombres y mujeres. Metió la mano en una pasta pegajosa elaborada a base de tierra, frutos pochos, orín y alguna cosa que dejó caer sin saber qué era (nunca nadie lo supo) y con la mano llena de mierda (vamos a dejarnos de eufemismos) se apoyó en la roca. Los demás miraron, hicieron un gesto de desprecio y se fueron. A pesar de su inteligencia prodigiosa, Arg el listo no entendía nada. Esa misma noche descubrió que el chamán había conseguido lo mismo unos días antes. Por casualidad, pero lo había hecho. Fue al defecar. Se levantó rozando el trasero contra la piedra (para limpiarse y rascarse al mismo tiempo). Al ver la mancha, agarró un palito para despegar aquella guarrería (era zona sagrada) y apareció la figura de un animal. Bueno, algo parecido a un bicho. Lo convirtió en un icono inmediatamente. El que quería verlo debía dejar, como pago, un buen trozo de carne sobre otro pedrusco que hacía las veces de altar. El azar se había adelantado a Arg el listo. Una tragedia.
(Continuará…)


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