Historia universal (2)

Arg el listo parecía un tonto de bote al lado de sus tataranietos. Esos vivían más, pensaban más, hablaban más. Y salieron de las cavernas.
Viajaban llevando los rebaños de un lado a otro. Porque descubrieron que había animalitos que eran más rentables si se les cuidaba en lugar de hacerlos trizas a las primeras de cambio. De pronto, un tipo (todavía bajito, con cara de pocos amigos y más mierda encima que un jamón) se inventó la familia. Poco antes las parejas duraban un suspiro, un rato. Como ahora, pero sin tanto revuelo entre los chamanes. Y, un día, rebaños y familias se pararon a tomar algo y se quedaron a vivir allí mismo. El mundo cambiaba a velocidad de vértigo.
Los hombres vivían más, pensaban más, hablaban más y decidieron, entre pensamiento y pensamiento, que lo suyo era liarse a guantazos con otras tribus para saquearlas. Esto demuestra algo que todo el mundo intuye. Vagos hubo desde el principio. Era más fácil robar en la tribu de al lado que estar currando todo el día. Era más fácil nombrarse rey o jefe o lo que fuera necesario. Ser rey y tener muchos súbditos era un chollo que se ha cotizado al alza hasta hoy mismo. Las tribus crecían, las aldeas crecían y aparecieron ciudades y culturas nuevas. Con rey y esclavos, por supuesto.
En cualquier lugar del mundo, se juntaban unos cuantos individuos, modelaban en barro diez o doce figurillas que representaban a los dioses, construían un templo, montaban un pequeño ejército y a disfrutar. Algunos, sólo algunos, porque al que le tocaba ser esclavo o alimento para las alimañas del jefecillo estaba más que apañado. Ser mujer tampoco representaba ninguna bicoca. Todo hay que decirlo.
La cosa se organizaba, más o menos, de la siguiente forma. El jefe era eso, el jefe. Dependiendo del grado de sofisticación organizativa, era jefe por la mala leche que gastaba con los demás, lo era porque se le ponía en las narices al brujo (ese era el verdadero jefe como ha pasado hasta nuestros días) o porque lo imponía otro que era más jefe y le colocaba a dedo mientras él iba en busca de pueblos susceptibles de ser saqueados. A su alrededor se colocaban los soldados. Los mismos que terminarían rebanando el cuello al jefe. Como todo el mundo sabe la cosa funciona así. Y, más allá, estaban el resto que tragaban con que el jefe era dios, era lo más de lo más; para librarse de una muerte horrible. Aunque la peor parte se la llevaban los esclavos capturados de otras tribus. Esos pintaban poco.
Con esta simpleza, por ejemplo, los egipcios montaron un tinglado imponente.
En resumen, el hombre salió de las cavernas para darse de leches con otros y acumular poder; crearon dioses para controlar el pensamiento de casi todos.
(Continuará…)
En el siguiente capítulo: Griegos y romanos o cómo pensar para que luego los cristianos lo jodan todo.


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