Homenaje en miniatura

La vida es larga dure lo que dure. Eso significa que siempre tenemos tiempo de vivir experiencias amargas, felices o de relleno. Muchas de cualquier tipo. Pero la vida es muy corta. Dure lo que dure. Porque al final queda reducida a los momentos que elegimos como fundamentales. Sean del tipo que sean.
Ayer asistí a uno ajeno. Estoy seguro de ello. Carmen, una mujer que está a punto de dejar su trabajo porque el trabajo la ha dejado a ella, después de sesenta y cinco años, tiene un violín. Afinado y preparado para hacer realidad una ilusión antes vieja y ahora recién nacida. Carmen tiene, además, un montón de artefactos con los que podrá cultivar plantas de todo tipo. Carmen tiene un buen montón de fotografías con sus amigas. Sobre todo tiene un buen montón de amigas con las que llenar reportajes fotográficos.
Después de muchos años de trabajo, las amigas de Carmen le prepararon una fiesta sorpresa para entregarle su futuro. Dibujado con las ilusiones de siempre, sobre la amistad de siempre.
Llegué a la fiesta cuando lo más emocionante ya había pasado. Pero en esa casa el sentimiento se había quedado pegado a cada detalle, como si quisiera echar raíces allí.
Ya he dicho muchas veces que utilizamos con frecuencia palabras muy gruesas en las que caben cosas, pero en las que no caben sus significados. Rebosan lo que quieren decir. Explicar qué es el amor es tarea difícil para casi todos. Y lo mismo pasa con la amistad. La inutilidad del propio lenguaje para explicar, lo inmenso del contenido en tan poco continente, hizo que el hombre se refugiase en el mito (en el relato) para poder explicar sus vivencias. Si yo tuviera que explicar lo que significa o lo que representa la amistad, contaría la historia de Carmen y sus amigas. Creo yo que todo quedaría más que claro.
El caso es que Carmen tiene en su poder un violín muy bien afinado que podrá tocar en este mundo que no es capaz de hacer música ni a la de tres. Y el caso es que podrá plantar semillas en una maceta enana mientras le intentan vender que eso no cuenta, que aquí lo importante es que el mundo es lo mismo en un polo que en otro, que nada nos diferencia. El caso es que Carmen, esté donde esté, sabrá por siempre jamás que tiene media docena de timbres que puede pulsar a cualquier hora si quiere pedir auxilio o una taza de té en buena compañía. Aquí dejo yo el mío si es que sirve de algo. Mi timbre y mi homenaje en miniatura.
Que la fortuna te acompañe por siempre jamás, querida.


1 Respuesta en “Homenaje en miniatura”

  • Carmen ha escrito:

    El sábado fue un día maravilloso en mi vida -y he vivido muchos también maravillosos a lo largo de mis casi 65-, éste ha sido uno que al recordarlo siento un montón de campanitas que me suenan en el estómago, con gratitud, amor, emoción, alegría y lágrimas, muchas lágrimas de las buenas cuando siento cómo me quieren mis amigas del alma y cuánto las quiero yo. A ti Gabriel, que me regalas esta mañana en la que los buenos recuerdos se apagan por lo difícil que me resulta sentarme aquí, en mi “depuesto puesto de trabajo” y empezar el tan árido y monótono laboro, te agradezco tanto tu escrito, tanto que no sé muy bien cómo puedo expresar mi sentimiento al leerlo. Siento una mezcla de alegría y de tristeza, alegría de vivir rodeada de personas como tú y también tristeza, porque sé que la vida me queda un poco corta para tanto sentimiento que tengo dentro del alma y tanta gratitud para demostraros a todos los que me habéis dado tanto que yo también estoy dispuesta a todo por vosotros, que sois vosotros los que hacéis posible que yo, a pesar de tantas desilusiones y tantas frustraciones que últimamente me llegan, sienta tanto amor, tanto espacio en el estómago lleno de todos vosotros, colmado de buenos y fantásticos sentimientos, tanta fe en la amistad, tanta ternura. No sé cuanto estaré aquí, la vida empieza cuando alguien lo quiere pero termina siempre cuando uno menos se lo espera, pero, sea cuando sea, esté donde esté, pase lo que pase os llevaré siempre conmigo. Y en ese momento en que cruce esa frontera, de aquí para allá, alguien perdonará todos mis pecados porque Silvia, Sori, Pilar, Mantovani y Lourdes me han hecho siempre ser mucho más buena.