Huellas

Todo se desliza hacia donde toca. Rutas de colores que nunca se vieron. Ella descansa con un cubo de agua fresca entres las piernas. Siempre con un vaso lleno para ofrecer al viajero.

El desconocido llega jadeando. El calor es sofocante. El lastre del pasado hace que hunda los pies en la tierra dura. Ella sonríe. Sabe quién es, de dónde salió y el lugar exacto al que llegará. Le pide que deje parte de su equipaje en el granero. De nada servirá. Ambos lo saben.

No hace falta que me digas nada. Descansa, el camino es largo y doloroso, dice mientras afila una navaja para que se pueda afeitar. Le mira descubriendo lo que esconde cada pliegue. Tranquiliza su mirada. Lo sabe. Las explicaciones están de más.

Cuando el hombre parte de nuevo comienza a llover. Se oscurece la tierra. Pequeños riachuelos cruzan de lado a lado el camino. Comienza a caminar. Apenas deja huella.

Mira hacia atrás. La figura se mueve con la brisa. Tal y como lo haría un trozo de seda. Continua sabiendo que en la próxima estación volverá a encontrarse con ella. Y con un vaso de agua fresca.


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