Importancia del personaje en la narración (I)

En muchas ocasiones, trato de explicar a mis alumnos más jovencitos la importancia que tiene cada una de las piezas de la maquinaria en que acaba convirtiéndose una novela. Si rompemos una pieza no podemos acabar. Como mucho podremos fabricar otra que no encajará exactamente con las que toque, la puliremos como podamos sin llegar a conseguir el encaje perfecto, en definitiva, estaremos intentando disimular una chapuza. Me preguntan cómo es eso de escribir teniendo todo en la cabeza, qué es lo que hay que hacer para que no dejemos atrás lo que resultará importante, cómo podremos encajar las piezas sin equivocar su posición. Preguntan ese tipo de cosas. Y yo tengo aprendido con los años que ponerse sesudo con ellos es lo mismo que aburrirles, lo mismo que predicar en el desierto. Por eso siempre ando buscando alternativas a la charla espesa, altamente técnica.

Hace unos días estuvimos delante del televisor (ir con ellos al cine me parece excesivo) echando un vistazo a una película excelente. Cube. Tuve ocasión de verla hace ya algunos años y me dejó pegado a la butaca de la platea hasta pasados unos minutos después de acabar la proyección. Cada personaje representa una característica humana. Desde el primero que aparece (la ignorancia) hasta el último que vemos en pantalla (la bondad) vamos sumando o restando cualidades, virtudes o rasgos que terminan configurando a cualquier ser humano. Ninguno de los personajes podría sobrevivir sin rodearse del resto. El camino a seguir dentro de un laberinto hostil e inhumano lo descubrirán poco a poco, sin tiempo para saber que sólo la unión de lo mejor y de lo peor de todos (la persona) les procurará la solución para salir adelante. Creo que más de uno sigue dando vueltas a lo que vio.

Ellos saben que, al escribir, centro mis esfuerzos en el personaje. Sin él no hay relato. Y que uno con una sola cualidad no lo es. A eso lo llamamos actante. Y que un actante podría ser un jarrón o un vestido de comunión. Sin embargo, un personaje complejo debe acumular una serie de características, de rasgos, que le hagan crecer, que le den la autonomía necesaria para que pueda ejercer una mirada sobre el mundo con importancia narrativa. Si conseguimos que aparezca, la trama pasa a tener una importancia relativa. Lo que hay que tener en la cabeza sin una sola fisura es al personaje. El resto llega solo, sin grandes problemas.

¿Alguien puede imaginar un Quijote sin Alonso Quijano o un Guardián entre el centeno sin Holden?

El personaje es algo parecido al cuerpo principal del motor. El resto de piezas las podemos crear o comprar, incluso las podemos copiar. Pero lo haremos sabiendo cómo encajan, qué molde tenemos. Cuando aparezcan estarán al servicio de ese personaje que ya tiene alma. E irá modificando lo que sea necesario (no su esencia) para que aquello funcione.

En el caso de Cube el personaje principal es la humanidad que es el resultado de la suma de lo que aportan los que parecen personajes sin serlo. Eso es lo que les descolocó desde el principio.

Lo que no puede ser es comenzar a escribir con el material sobre la mesa, con su forma, su color y su importancia. Todo rígido. Cada cosa de forma independiente y con su vida propia. Así es imposible encajar nada.


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