Internet, pasados, presentes y futuros

Todos tenemos un pasado. Y siempre hay cosas de él que quisiéramos mantener en secreto o, al menos, que pasasen desapercibidas. Por poco que sea, todos procuramos esconder lo que no nos gusta; lo que podría haber sido causa de no llegar hasta donde estamos si hubiese permanecido en el lugar que ocupó, aunque perdimos. Por poco que sea, preferimos que aquello que ocurrió no afecte a nuestras relaciones actuales, a nuestras carreras profesionales. Todos tenemos un pasado. Todos. Buscando y rebuscando, hasta Teresa de Calcuta tendría dificultades para justificar eso que ocurrió cuando era novicia y que no tuvo importancia, pero sería una mácula en su expediente. Esto siempre ha sido así.
El ser humano necesita su propio espacio; intocable y sagrado; para sobrevivir. Por mucho que dejemos ver, siempre mantendremos oculto lo que nos incomoda, nos pone en peligro o lo que nos proporciona un placer que sólo conocemos en lo más íntimo y no queremos compartir para que siga siendo mágico.
Por todo esto, parece absurdo lo que sucede en la actualidad: Internet acumula millones y millones de datos sobre todos nosotros que, además, están flotando en el limbo sin posibilidad de control alguno y, lo que es peor, imposibles de eliminar. Aunque lo más llamativo de todo es que nadie parece tener el más mínimo problema con ello.
Hoy, las empresas echan un vistazo en la red cuando quieren contratar a alguien; lo hacen, del mismo modo, para despedir al personal; los políticos llegan a las amenazas en las redes advirtiendo de que un posible acoso se puede convertir en un par de hostias o meten la pata diciendo tonterías y dejándolas por escrito para descrédito de sus partidos; los blogs se llenan de opiniones salvajes. Todos buscan en la red porque todo está en la red. Incluido eso que quisiéramos que nunca hubiera ocurrido. Todos dicen en la red para que muchos reciban el mensaje. Incluidos los que no deberían tener acceso a esa información. Todos quieren encontrar en la red porque saben que allí estará lo que buscan. Incluido eso que no quiere saber y se encuentra de sopetón. No estar presente en internet es, algo así, como no existir. Aunque la paradoja se produce cuando al aparecer en la red pones en peligro gran parte de lo que eres o de tu futuro.
Internet es una ventana que nos deja ver el mundo. Eso es cierto. Pero en el mundo hay cloacas y estercoleros. Y eso, también se ve; incluido lo de uno mismo. Siempre hay alguien dispuesto a descubrir alguna cosa de otro para hacerle trizas.
¿Qué es lo que invita a una persona a publicar fotografías de sus hijos menores celebrando un cumpleaños? ¿Qué es lo que hace que un jovencito envíe una fotografía propia en paños menores sabiendo que puede difundirla cualquier gracioso? ¿No vemos un peligro en ello? ¿Tanto necesitamos estar presentes como para no considerar las consecuencias?
Me temo que vemos en internet un espacio inmenso en el que nuestras cosas están seguras; un espacio en el que el nuestro sigue siendo intocable y sagrado; cuando en realidad es un enorme patio de vecinas en el que todo se sabe, en el que se puede criticar, difamar, injuriar a cualquiera. Como en los patios de vecinas, también se puede conocer a personas interesantes, recibir información importante o realizar negocios. Pero, como en cualquier patio de vecinas, todos debemos ser cuidadosos con lo que decimos y con quién elegimos como interlocutor; debemos estar alerta para evitar que escuche quien no debe. Porque un patio de vecinas es un patio de vecinas. No se conoce ninguno en el que la intimidad de las personas esté a salvo a no ser que el vecino entre en su casa y cierre la puerta tras de él. Tampoco alguno en el que la vanidad no vaya por delante de casi todo.


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