Invenciones del escritor (2)

Las buenas novelas soportan todo tipo de lectura; cualquier interpretación puede servir; incluso, algunas de ellas, mejoran de forma notable esos textos (es verdad que esto ocurre en novelas “menos buenas”. Podríamos decir que es proporcional la mejora si esa lectura se adapta bien al original y nunca estuvo, ni por asomo, en la mente del autor). De hecho, escritores de prestigio indiscutible se han apropiado de esas lecturas sabiendo que encontraban un filón que haría vaciar el almacén del editor y engrosar su cuenta bancaria. Cuentan que mi admirado Julio Cortázar dijo que su cuento “Casa tomada” representaba un sueño. Sólo eso. Tuvo un sueño y lo plasmó en el papel. La crítica dijo algo sobre la gran metáfora que era ese relato, que el peronismo era eso, que bla, bla, bla. Dicen que, finalmente, Cortázar llegó a afirmar que su cuento era un sueño que metaforizaba el peronismo. Creo que a Cortázar debemos perdonarle esta debilidad, pero sirve como ejemplo.
Todo esto es, también (aunque no siempre, como ha quedado claro) cosa de malos escritores. Lo buenos, los verdaderamente buenos, escuchan o leen atentamente lo que les dicen y sonríen o se carcajean como le pasaba a Pepe Hierro (claro, se pueden permitir ese lujo porque saben que no hay nada de eso, pero, por contra, lo que sí está es más que suficiente). Aceptaré que, en alguna ocasión, efectivamente, ese “descubrimiento” estaba en el texto y que el autor no había reparado de forma especial en ello, pero que, sin embargo, era lo que hacía grande su novela o su poema. Lo inaceptable es que el escritor vaya asumiendo como parte de sus trabajos todo aquello que los mejora. Sin pudor. Aunque nunca estuviera de forma explícita o implícita en lo dicho.
Y lo peor de todo es que esto no es una invención mía. No. Esto ocurre más veces de lo que uno puede llegar a pensar. Es algo que pasa desapercibido si aún no se ha perdido la inocencia como lector, pero cuando a uno le han salido espolones en esto de la lectura, mejor ni pensarlo.


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