Invenciones del escritor (3)

Convertirse en escritor es algo muy difícil. Mucho. Nacer siéndolo es imposible. Algunos escritores tratan de guardar un terreno que creen de su propiedad diciendo que sólo algunos privilegiados pueden escribir porque poseen un don. Mentira.
Es verdad que, cada día con más frecuencia, un puñado muy numeroso de gente que ha realizado un cursillo por correspondencia dice ser tan escritor como el que más. Estos son igual de idiotas que los escritores que quieren convertir en coto privado la literatura. Y es verdad que hay muchas personas que podrían publicar sus novelas en lugar de la bazofia que publican escritores que amasan fortunas vendiendo millones de ejemplares (de la bazofia que escriben, digo).
Escribir y hacerlo bien no viene de poseer ningún don. Ni llega de la mano de una técnica aprendida en un aula. Ni por supuesto, del amor que sienta alguien por la literatura. La literatura llega cuando alguien es capaz de ver algo en el mundo que sólo él aprecia. Y, a partir de ahí, construir un mundo entero que lo explique. Es decir, la literatura llega de la necesidad del hombre por relatarse a sí mismo a través de su entorno. Es un error pensar que cualquier cosa se puede contar (a todos nos pasan cosas y más cosas, pero que no interesan a nadie nos pongamos como nos pongamos y aunque sean muy graciosas). Es un error pensar que bien contado (bien escrito) todo vale (la bazofia es bazofia aunque la cuente el mismísimo premio Nobel de literatura).
Sólo se puede ser escritor manejando la realidad, dominándola hasta donde se puede. Lo de la técnica viene después. Y lo del oficio con los años.
Como sé que algunos me preguntarán cómo se domina la realidad (ya deberían saberlo si quieren ser escritores y no pintar tanto la mona presumiendo de textos lamentables), lo digo ahora mismo: modificándola (quizás sea la décima vez que lo digo en público). Eso es la literatura. Eso y no otra cosa.


1 Respuesta en “Invenciones del escritor (3)”

  • Carmen Neke ha escrito:

    Ser capaz de manejar la realidad para dominarla y modificarla para hacer con ella lo que quieras en un texto escrito, es un don. Lo puedes mejorar y pulir con la práctica y el aprendizaje de técnicas, pero de donde no hay no se puede sacar nada. El burro nunca aprenderá a tocar la flauta, por mucho que lo intente.