El juego hay que ganarlo arriesgando

Un juego requiere, para ser ganado, una buena dosis de riesgo por parte del que participa. Si no se arriesga no se gana.
Todos, nos guste más o menos, somos, formamos parte, de un tablero de tamaño descomunal en el que se pone en juego, cada instante que pasa, nuestro futuro, el futuro de la humanidad al completo. Dicho de otro modo, nos apostamos la vida entera en cada jugada, con cada una de nuestras decisiones.
De un tiempo a esta parte, están ocurriendo cosas muy importantes. Lo son tanto que en unos años los libros hablarán de lo que ocurre refiriéndose a ello como algo que cambió el curso de la historia, como eso que el hombre es capaz de hacer o deshacer pase lo que pase; tal vez cuenten el desastre más grande jamás ocurrido. Pero, curiosamente, en el mundo occidental, los individuos parece que nos hemos instalado en tierra de nadie, una zona en la que se intenta defender un presente cómodo sin pensar en el futuro que llega lleno de malas noticias, falta de oportunidades y retrocesos sociales desconocidos en los últimos cincuenta años; y lo más doloroso, sin tener en cuenta el pasado, un tiempo teñido de sufrimiento, de sangre obrera, que nos llevó a este presente que defendemos como si fuera la única opción posible.
¿Dónde hemos perdido ese orgullo que nos producía saber que fueron muchos los que sacrificaron toda su vida; que la perdieron, incluso; para que los trabajadores lograran una vida mejor, un futuro posible? ¿Dónde extraviamos nuestras ideas, nuestras ganas de progresar al margen de las pertenencias estúpidas de cosas materiales? Nos han enseñado a ser millonarios de pacotilla (esos son los que tienen cosas que les cuesta tres cuartos de su vida pagarlas y dejan de disfrutar de lo importante), nos han enseñado que tener miedo no es malo, nos han arrancado de cuajo esa mirada salvaje que ejercíamos sobre un mundo que sabíamos nuestro.
El juego es vivir. Y sin arriesgar no podemos ganar. Y arriesgar es pensar el universo entero. Y protestar cuando creemos que se cometen injusticias. Y ser solidario con los que están pasando las de Caín. Y ser capaces de acostarnos sin arrepentirnos de lo que somos. Vivir es un juego y hay que saber ganarlo.


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