Jugando un rato

– Te toca mover ficha. A ver qué haces ahora, querido. La bondad, lo de la otra mejilla y esas cosas que les tienes dicho no van a funcionar. Y lo sabes.

– Crees que eres demasiado astuto. De tanto oírlo lo has llegado a creer. Y has olvidado que siempre tengo el comodín de la esperanza. Eso no falla nunca.

– Claro, claro. Pero cómo vas a explicar a los pocos que te quedan este desastre. No tienen nada para comer salvo latas roñosas, escupen sangre y se les cae el pelo, caminan asustados pensando que les matarán para quitarles lo poco que les queda. Estás perdiendo la partida. Nadie cree en ti.

– Te equivocas. Es ahora cuando necesitan de mí. Parece mentira. Llevamos jugando esta partida toda la eternidad y piensas que en un instante puedes acabar. Son tercos, quieren continuar y eso juega a mi favor. Ya verás cómo se me ocurre algo.

– Lo veremos. Pero lo de hacerles creer que mandas a tu hijo dijimos que sólo se podía hacer una vez. Nada de trampas.


Comentarios cerrados.