Justo antes

Cada instante se carga de pasado. Vivido como vano, vital, fugaz o intenso. Eso es lo de menos.El tiempo pasa por encima de nosotros sin que podamos ver cómo lo hace, sin pararse para que lo pensemos aunque dejando su poso en cada cual. Sólo siendo pasado, siendo nosotros, lo entendemos. El tiempo no se puede saber, ni pensar, ni siquiera disfrutar. Eso es cosa que sucede cuando se convierte en lo vivido, en eso que fue, por pequeño que pareciese entonces.Tengo el convencimiento de que el ser humano no es capaz de reflexionar sobre nada que no sea sobre sí mismo. Puede parecer que nos interesan los planetas, que nos disgusta una opción política o que necesitamos saber algo sobre las proteínas. Puede dar esa sensación. Pero todo es un disfraz. El fin último de cada pensamiento es uno mismo. Somos egoístas, no sabemos meternos en la piel de otro. Y sin embargo, somos capaces de acabar con un poco de nuestra vida cada día. Nos olvidamos de nosotros mismos, dejamos lo que somos porque un tiempo aún incomprensible no nos deja ver lo que fuimos fugazmente. A nosotros. Nos olvidamos de que ese insignificante grano de arena que cae en el reloj es cada uno que lo vivió. Nos gusta más confundirnos con grandes montañas. Nos hace sentir mejor.Lo que pudo ser y no fue nos aflige o nos alegra. Porque ya pasó. Lo que debería ser nos inquieta sabiendo que no podemos controlar un tiempo que está por llegar. Porque no ha pasado y quizás no sea jamás. Sólo nos quedan millones de instantes que fueron. El pasado. Nosotros.No podemos olvidar que somos nuestro propio tesoro. Es lo único que tenemos, lo que somos. Aunque despreciemos ese instante que nos hizo sentir vivos porque fue pasajero y pequeño. Sin querer pensar que bien podría haber sido el momento anterior a morir. Antes de desaparecer de este mundo, justo un instante antes, nos sentimos vivos. Y, siempre, justo un instante antes dejamos de ser otro para ser yo.


Comentarios cerrados.