La antesala de la eternidad

– Buenas tardes, señor. ¿Podría decirme cómo llegar al cielo?
– Allí se llega directo. Si anda usted por aquí mal asunto.
– Si yo no hice nada, todo fue una confusión, se lo juro.
– Siempre la misma canción. Mire, buen hombre, baje por allí y se lo explica a un tal Satán. Ya verá como él lo entiende todo a la primera.
– Podría parecer que fui el culpable, pero las cosas se mezclaron y todo fue confuso.
– Claro, claro. Venga, usted baje. Ya verá como todo se arregla.


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