La buena lluvia

Regreso de ver una tienta de becerras. El campo huele a barro sucio. Buena señal. Ha llovido durante toda la mañana y buena parte de la tarde. Agua de la que termina llenando embalses. Cae a poquitos, empapa bien la tierra, no estropea la siembra y hace que los colores se aviven. Ahora, en otoño, una hoja de árbol caída deja de ser un estorbo cuando se moja. Brilla para recordar al que pisa que sigue vivo y que mirar hacia abajo es tan bueno como mirar al cielo. Todo es uno aunque esté muerto. Porque brilla como nosotros bajo la lluvia.Hace años que mantengo una disputa con mi afición por las corridas de toros. Fueron muchas tardes en la Plaza de Toros de las Ventas del Espíritu Santo. Primero en la andanada del nueve escuchando a los mayores, aprendiendo de lo lindo. Más tarde justo debajo del reloj equivocándome a solas. Por último en el tendido siete. Cientos de corridas de toros, muchos amigos, emociones, pero también enfados y decepciones que me sacaron de la plaza, aunque a regañadientes, todo hay que decirlo. El año pasado acudí dos o tres tardes. Los años anteriores ni una sola. Me limité a leer las crónicas en la prensa. Sin embargo, es raro que pase junto a una finca de ganado bravo sin que me pare a echar un vistazo. Si hay suerte y conozco al ganadero no puedo evitar entrar a saludar, tomar un café, ver una tienta o mirar como usan la garrocha los caballistas. No quiero saber nada de las corridas de toros, pero no puedo evitar acercarme al animal que más me gusta.Como de costumbre, no iba bien vestido para andar por el campo. Otra cosa rara es que no me miren extrañados los que no me conocen cuando aparezco con traje de chaqueta en medio del barrizal. Las becerras han respondido bien en el caballo. En la muleta se entregaban aunque con algo más de “picante” de lo que el ganadero quería (más genio que bravura) y alguna demostró querer topar con el engaño sin ninguna clase.
– ¿Cuándo piensas escribir un libro sobre el toro? Aún está por ver que alguien escriba una buena novela sobre este asunto, ha dicho mi anfitrión mientras tomaba las últimas notas sobre lo que íbamos viendo en la pequeña plaza.
– Ya veremos.
– Siempre contestas lo mismo, coño. No creo que sea tan difícil inventar una historia sobre toros y toreros cuando te dedicas a contar las rarezas de los policías, las parejas o las monjas.
– Ya veremos, ya veremos.Hemos terminado tomando un vino con los novilleros. Aún son unos chiquillos. Piensan como toreros, andan como toreros, hablan como toreros y te miran como chiquillos. Niños que están dejando la infancia antes de lo que toca para ganarse un respeto que sólo conseguirán el día que se dejen levantar del suelo por un animal. Las cosas son así y ellos lo saben. Pero intentan parecer lo que no son para superar, entre otras cosas, el miedo cuando agarran el capote. Se ha hecho tarde. Lo que apasiona distorsiona el tiempo.
– Ven más a menudo por aquí, hombre. Siempre es bueno conocer la opinión de los que no saben.En tierra de toros los forasteros siempre somos víctimas de las bromas más ácidas. Me he limitado a sonreír. Con la buena gente hay que aguantar esas pequeñas cosas. Justo antes de arrancar me ha pedido que bajara la ventanilla.
– Ten cuidado con el coche. La carretera es traicionera. Y escribe algo sobre todo esto. Anda, ve con Dios.
Ha dejado de llover unos kilómetros más allá de donde estaba. Me iba quedando sin combustible y he parado en la primera gasolinera. El olor a agua sucia me ha resultado molesto. Los coches pasaban rápido levantando los restos del último chaparrón. Agua sucia que olía a eso. Sólo a eso. He regresado a Madrid escuchando a Bruckner. Su séptima sinfonía. Y he intentado recordar el sonido de las becerras al pisar el barro sucio que olía a lluvia, de esa que termina en los embalses, de la que hace brillar lo que está muerto. Y lo vivo; para que todo sea uno. Ahora leeré un par de relatos que escribí hace algún tiempo. Hablan de toros y de toreros. Nadie los ha visto jamás. Y seguramente se queden donde están. Lo que apasiona tiene siempre un hueco en lo secreto. Así ha de ser.


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