La cara del destino

Mientras caminaba hacia mi casa me ha ocurrido algo muy extraño. Un niño se ha pegado a mí. Hemos recorrido algunos metros juntos. Nos hemos mirado antes de parar. Enarcando las cejas. Ambos.
– Oiga, ¿qué iba pensando hace un momento? Estaba muy serio y hacía así, me ha preguntado mientras se acariciaba la barbilla y procuraba un gesto de preocupación.
– Cosas de mayores. Pero no tenía mucha importancia. Eres muy curioso ¿no? ¿No te estará buscando tu mamá, guapo?
– No, mi mamá está en el cielo. Y usted pone esa cara porque está enfadado. Los mayores siempre están enfadados porque se tienen que ir al cielo.
Ha salido corriendo deshaciendo el camino que habíamos hecho juntos. Antes de girar en la siguiente esquina me he dado la vuelta. Se había pegado a otro adulto y caminaba a su lado. He preferido parar y fumar un cigarro. El hombre miraba al muchacho. Hablaban. Se han despedido con un apretón de manos.
El muchacho deshaciendo el camino en busca de nueva compañía. El hombre entrando en el bar que tenía a mi derecha. Yo detrás. He pedido un café. Sudando, algo alterado, él ha pedido una copa de ginebra. Otra más. Me ha parecido escuchar que murmuraba algo así como “qué cabrito el niño de los cojones”. Pero quizás sean imaginaciones mías. O quizás es lo que he murmurado yo mismo. El caso es que allí dentro todos teníamos cara de enfado. Todos.


6 Respuestas en “La cara del destino”

  • Núria A. ha escrito:

    Vivimos en el cabreo permanente. Es lo que tiene.

  • Edda ha escrito:

    Se me acaba de borrar la sonrisa de la cara. Yo no quiero ir al infierno. ¿O será que no he crecido?

  • Anónimo ha escrito:

    Los textos divertidos de usted son descojonantes,lástima que brillen por su ausencia.Aún así,no deje de escribir nunca jamás,por favor.
    Qué sabio el niño de los cojones.

  • Poma ha escrito:

    Denme un rostro sereno y una sonrisa.
    Dificil esta la cosa…

  • MERCHE ha escrito:

    Es lo que tienen los niños… ven lo que otros no!!

  • Ana María Lozano ha escrito:

    No hay nada como la sinceridad de un niño. Te puede amargar el día, eso sí. Muy bueno, me ha encantado.