La casa sin barrer

Son muchos los que se llevan las manos a la cabeza después de conocer los resultados electorales de ayer en Galicia y en el País Vasco. Hay opiniones para todos los gustos: grandes aspavientos porque han ganado, vestiduras rasgadas porque han ganado los malos de la película, petición de dimisiones a diestro y siniestro. Y me parece muy bien. Porque lo importante es que las elecciones han sido limpias y eso es lo principal.

Las lecturas son diversas. Sumando abstención, votos en blanco y nulos -hablo de Galicia- un 39,50% de los gallegos han mostrado su indiferencia y su extenuación ante una política ineficaz y mentirosa. Pero los votantes en su conjunto le han dado alas a un partido político y eso es indiscutible y su felicidad rebosa. Se pueden hacer tantas lecturas como posibilidades de manejar los datos existen. En el caso del País Vasco lo mismo.

Sin embargo, el fondo de la cuestión siempre queda en el aire. Parece que nadie se atreve a decir las cosas tal y como son. Hay un par de aspectos sobre los que creo que debería reflexionar más de uno que a estas horas tiene llena la boca de palabras felices o de sorpresa o de reproche o de pena enorme. Palabras huecas.

¿Por qué la izquierda independentista salió ayer a votar en masa en el País Vasco? ¿Porque son muy malos y, aparte de serlo, dedican sus ratos libres a votar? ¿Porque se sienten amenazados y corren con la papeleta en la mano para que todo el mundo lo vea y librar el pellejo? No, hombre, no. Ayer miles de vascos votaron a los partidos independentistas porque les ofrecen un proyecto, una ilusión, un futuro. Será más o menos discutible, se podrá estar enfrente de ellos, podrá considerarse un disparate, pero es lo que hay. Una ilusión. Lo que no tenemos los demás. Los gallegos, un 39,5%, no votaron, votaron en blanco o nulo, porque están como el resto de españoles hasta las narices de tanta estafa. Si ahora los políticos dicen que una banda de locos anda suelta será su problema. Pero lo cierto es que no son capaces de ofrecer nada. Y cuando digo nada es nada. Lo primero que han manifestado es que el pueblo apoya su política de recortes. Eso es todo lo que tienen en la cabeza. Y no parece mucho.

Y otra pregunta: ¿Nadie se va a plantear con seriedad el problema nacionalista? Es este un problema más que serio. Les recuerdo que eso del nacionalismo se ha llevado por delante a más personas durante la historia que cualquier plaga o enfermedad conocida. Tanto es así que uno de los objetivos de la Unión Europea al crearse era acabar con esa lacra. Pero la realidad es terca. Un buen número de españoles se encuentran incómodos en un espacio en el que no creen. Por supuesto, los políticos seguirán metiendo la pata un día sí y otro también sin dar solución al conflicto. Pero a este asunto hay que darle salida. Sea la que sea y de una vez por todas.

Mientras unos siguen llorando las penas y los otros cantando la alabanzas de forma estúpida, el problema crece. Y aquí seguimos hartos de tanta mentira, de tanta estafa. Unos por otros la casa sin barrer. Hasta que la solución sea imposible. Ya lo verán.


1 Respuesta en “La casa sin barrer”

  • Edda ha escrito:

    Ilusión, hartazgo y la casa sin barrer. Ya, espera a que algunos cojan la escoba y empiecen a barrer para casa. Ya veremos a quién salpica la mierda.