La chistera mundial

Escucho la versión de Waltz for Debby que Niño Josele le ha dedicado a su autor, a Bill Evans. Y como por arte de magia, si mis lectores han llevado el cursor hasta el título de la canción (eso si es que alguien me lee en este espacio), podrán escuchar lo mismo que yo cuando escribo estas líneas. Cortesía de unos tipos que se dedican a ordenar montones de unos y ceros para conseguir que el mundo quepa dentro de una chistera que ahora llamamos ordenador. Magia potagia.
Que una célula termine siendo un ser humano, que podamos hablar con alguien que está en Australia a través de un cacharro pequeño y sin cables, que un avión vuele y no se estrelle un par de segundos después (salvo contadas excepciones) o que la mente humana sea capaz de crear algo como la novena sinfonía de Beethoven me sigue pareciendo magia. De niño siempre me asombró que los habitantes del polo sur pudieran mantener los pies en el suelo. Les imaginaba atados a una cuerda para no caer al espacio exterior. Descubrí la fuerza de la gravedad en el colegio y me tranquilizó saber que la cosa no era tan grave como pensaba. Pero algunas cosas, por más que me cuenten grandes teorías, me siguen causando estupor por parecerme imposibles. Trucos de magia.
La perfección de la naturaleza me causa una perplejidad difícil de explicar. Pienso en ello y me siento tan niño como mis hijos. Sé que existe una explicación para cada una de esas cosas aunque me temo que prefiero no profundizar para terminar de entender. Me gusta saber que me puedo sentir un chiquillo pensando que el mundo es tan grande que no se puede comprender, que por más que intente meter el mar en una concha jamás podré conseguirlo. No creo que sea malo conservar esa postura pueril que puede aparecer cuando la vida se te echa encima para que respires con dificultad, para ahogarte.
Vivimos dentro de una gran chistera. Rodeados de magos que llamamos informáticos, músicos, pintores o (porque no decirlo) escritores. Todos aportar la luz necesaria para que entendamos un mundo que se hace más incomprensible cuanto más sabemos. Así es el ser humano. Comprende más cuando se le presenta un misterio por resolver. Es cuando piensa, cuando es más humano.
También la chistera está rodeada por magos tramposos que presentan sus trucos con habilidad y nos hacen comulgar con ruedas de molino. Pero esos duran menos. Políticos que destrozan los milagros convirtiéndolos en cubos de basura, economistas que se dedican a predecir el pasado o sacerdotes que dibujan a sus dioses igual que jaulas de las que uno no puede salir sin su ayuda.
Todos magos. Todos asombrados ante el truco del otro.
Hoy me apetece creer que los habitantes del polo sur se agarran a sus cuerdas para no salir despedidos hacia el espacio exterior. Prefiero pensar que vivo un mundo mágico en el que alguien puede escuchar lo mismo que yo cuando escribo. Sin saber porqué. Sin importarme lo más mínimo. Debe ser que si miro alrededor creo que me sentiré mayor, muy mayor. Tan viejo como se siente una humanidad empobrecida por tanto mal truco.


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