La elección de su vida

Puede usted elegir entre la opción a y la b.
La primera consiste en sentarse en el sillón de casa y esperar a verlas venir.
La opción b es otra cosa. Usted no se sienta jamás. Intenta diferentes alternativas, procura correr detrás de lo que parece interesante, salta obstáculos, se cae, se levanta, se tira, le tiran, le pisotean, está a punto de morir varias veces (del disgusto, digo); cree estar a punto de conseguirlo, pero nada de nada; intenta sentarse en el sillón a verlas venir y descubre que ya está ocupado, intenta quedarse quieto y hacerse el muerto sin ningún éxito (le pueden las ganas de seguir recibiendo trallazos de parte de la vida) y, al poco tiempo, se muere. También es verdad que tendrá la posibilidad de maltratar a muchos, de vengarse, de hacer la vida imposible a otros o de pactar con bandas mafiosas que hagan el trabajo sucio. Y, al poco tiempo, muerto. Siempre se muere usted. Lamentable, lo sé, pero es lo que hay.
Puede usted elegir entre una opción y otra. El final es el mismo. Debería darse prisa. Tome una decisión lo antes posible. Quedan muy pocas plazas libres para ocupar un silloncito. Lo digo porque estar tanto tiempo en pie es cansado. Si, además, es usted candidato a recibir palos más que a sacudirlos, le sugiero que se lo piense muy seriamente.
Para que usted disponga de la información suficiente le diré qué tipo de individuos se encontrará al elegir una u otra cosa.
Los individuos que participan de la opción a no suelen dar problemas. Se sientan para siempre y encienden el televisor (con el mando a distancia a la derecha). No se quejan. Por ejemplo, les dicen “a votar” y ellos van y votan. O “a trabajar en esto que da dinerito, en esto otro no que igual no tienes todo lo que una persona puede comprar y eso es horrible”, “lee esto que te voy a convencer de algo”, “no pienses que eso sólo te traerá problemas” y cosas así. Son muy obedientes.
Los que están de pie, es decir, los que eligieron la opción b, son muy raros. Se empeñan en decir lo que piensan, leen libros extraños (se conocen casos del todo preocupantes de personas que leen libros cortos e intensos, que desprecian las novelas largas que no dicen nada. Estos casos son especialmente terribles), son capaces de renunciar a las cosas materiales a cambio de sentirse mejor con ellos mismos, algunos no tienen ni televisor en casa, quieren vivir la vida sin dar la espalda a lo que les viene encima. Se concentran en los países tercermundistas y suelen acabar mal y antes de tiempo. En los países occidentales suelen acabar en un sanatorio y hasta arriba de pastillas. O en una buhardilla pasando frío. O muertos del asco.
Mire, ya sé que está usted ante una difícil elección. Le doy una última pista. Si elige la opción a se encontrará con un riesgo mucho menor, el precio es mucho más bajo y tendrá apoyos suficientes para sobrevivir sin grandes problemas. Ahora bien, si la opción elegida es la b, no nos haremos responsables de lo que suceda desde el primer momento. Usted dirá.
Vaya, entonces lo tiene decidido. Quiere ser escritor. Nada, nada, sin problemas. ¿Qué prefiere? ¿Pasamos una temporadita en la buhardilla intentando publicar antes de ingresar en el manicomio o directos a meternos treinta o cuarenta pastillas diarias? No dé usted mucha guerra, que incomoda a los de los sillones y algunos piden el cambio. Sea generoso.
Muy bien. Bienvenido al infierno.
Siguiente, por favor.


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