La exactitud del olvido

Los sonidos terminan reposando con desorden. Un televisor, un niño que llora, la gota que cae del grifo. Sumo el de la pluma rápida sobre el papel. Intento recordar lo que quería expresar. Con exactitud. No sirve algo parecido. Nunca es útil.

El vagón está repleto. Tela contra tela. El olor a trabajo, a bienestar fingido de viaje hacia la ciudad dormitorio. Las miradas fijas en los recibos sin pagar, en la infidelidad de ayer, en una habitación de hospital que ocupa alguien cercano, en la copa que necesitan porque ya no pueden soportarlo ni un minuto más. El bebé duerme tranquilo mientras su madre trata de acomodar la espalda. Y, como un trozo de metralla que atraviesa la sien, llega esa frase perfecta que no puedo apuntar. La repito. Una y otra vez. Alguien me pregunta si me apearé en la siguiente estación. El hombre que se sentaba sobre la maleta hace un momento me pide paso al mismo tiempo. Intento repetir lo que ya es olvido. Cuando se cierran las puertas comienzo el trabajo de reconstrucción. Falta algo. Tal vez un artículo, una letra. Quizás el orden exacto era otro.

Y ahora sumo el sonido de mi pluma al silencio de una idea que escapó. Porque si no es exacta se hace otra. Tan perfecta como el llanto del niño que sigue pidiendo atención.


2 Respuestas en “La exactitud del olvido”

  • MERCHE ha escrito:

    Guauuuuuuuuu!!!!
    Las ideas cuando se escapan son una jodienda… y mira que ya no vuelven….

  • Edda ha escrito:

    La pluma atenta es la que plasma con exactitud lo que ocurre en el momento exacto. Después todo cambia. Porque todo es efímero. Incluso la idea que se olvidó el recuerdo la modifica.
    Gabriel, me atrevo a decir que, a veces, las ideas reposadas son mejores que las repentinas. Y sin sueño, claro, que si no te pillan fuera de juego :)