La gota que ha colmado el vaso

Que Boris Izaguirre sea finalista del Premio Planeta de este año está causado gran revuelo. No entiendo la razón. En primer lugar, no creo que nadie (salvo los miembros del jurado y poco más) haya leído la novela. Por otra parte, tanto alboroto no puede obedecer a que un premio prestigioso se convierta de un día para otro en una basura. Ya lo era hace muchos años. No comprendo a qué viene tanto ruido. De verdad.

Que los políticos graben vídeos que consideran graciosos y de lo más ingenioso levanta pasiones, provoca grandes aspavientos entre la población, algunos, incluso, duermen peor pensando en ello. Lo mismo sucede cuando les arreglan la casa por la filosa o les recalifican un terreno para que se forren. Y tampoco entiendo nada. Esto mismo viene ocurriendo desde hace un millón de años. Debe ser que no veo vídeos estúpidos protagonizados por esta banda ni leo la prensa manipulada por la misma banda (es decir, no leo la prensa) y, por eso, me parece todo una gran exageración.

Que todos los días estallen bombas en diferentes puntos el planeta nos sigue extrañando. Por si alguien no se ha enterado estamos inmersos en una guerra mundial hace mucho tiempo. Ahora bien, si seguimos insistiendo en pensar que son cuatro cabrones que se han vuelto locos los responsables… Nada, que no entiendo ni una palabra.

Que el fracaso escolar sea un problema de grandes proporciones es algo que nadie se explica. Claro, con el futuro que se presenta por delante para los jóvenes, con la gran vocación del profesorado (todos soñaban con enseñar y enseñar), con el tiempo que pueden dedicar los padres a sus hijos (la media debe estar rozando los quince segundos diarios al llegar de trabajar, gran cosa) o la falta de comodidades con las que viven los niños (no tienen de nada los pobres), con todo esto, digo, nadie se explica cómo un buen número de muchachos no estudian ni un poquito.

Podría seguir añadiendo razones por las que nos rasgamos las vestiduras hasta mañana por la tarde, pero me lo ahorraré. Me temo que en el mundo occidental nadie es capaz de llegar al pedal del freno. No paramos de lloriquear por las esquinas de una civilización que está obligada a desaparecer y dejar paso. Ni siquiera voy a intentar comprender nada. Ahora ya no. Izaguirre finalista del Premio Planeta, por favor. Qué vergüenza. Eso sí que no.


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