La mano en los ojos

Ayer estuvimos viendo en casa la tercera película de la trilogía “El señor de los anillos”. Gonzalo sentado en el suelo porque los pequeños le ponen los pies encima y no lo soporta. Guillermo y Guzmán muy pegados el uno al otro para no pasar miedo. Gimena en brazos de su madre sin rechistar y yo intentando leer algunos poemas de Carver aunque levantando la vista más de dos veces para no perderme alguna escena que me gusta especialmente. Uno de los personajes con el que más disfrutan es con Gollum. Debe ser que les llama mucho la atención la forma de moverse, lo guarro que es comiendo o lo feito del personaje. Espero que no le admiren por su forma de entender la vida. Guillermo estando de buenas (no siempre se le puede encontrar así) es un niño especialmente gracioso y sabe escuchar para hacer suyas las cosas que le interesan.
– Papá ¿qué le pasaría a Gollum si le encerrásemos en una joyería? preguntó muy serio en mitad de una batalla en la que los orcos intentaban invadir lo que se ponía por delante.Gonzalo se partía de risa. Silvia y yo lo mismo. Guzmán tenía bastante con taparse los ojos (de mentira).
– ¿Cómo se te ocurren esas cosas, hijo?
– Lo he escuchado en la radio. El hombre del tiempo dijo que el tiempo viene más revuelto que Gollum viendo el escaparate de una joyería.
– Pues no sé. Seguramente lo mismo que me pasa a mí cuando entro en una librería. Hay tantos ejemplares, tantos títulos nuevos, que tiendo a volverme tarumba y termino comprando lo que necesito y un par de libros más sin saber porqué.
– Pues yo creo que Gollum se quedaría a vivir allí. Con tanto dinero puedes pedir pizza todos los días.
A todo esto un ejército de espectros, repartiendo leña a los orcos sin compasión, lograba salvar una batalla imposible de ganar. Me dejó con el pensamiento en marcha todo esto. El ansia por tener lo material es mala. Por conocer también lo es. La capacidad de aguante del ser humano es grande aunque limitada. Querer poseer sin límites te destruye, querer saber sin límites te frustra. Ambas cosas son imposibles y lo que no puede ser aunque sea deseado es un arma mortal para el que lo sufre.Las editoriales publican miles de títulos cada año por si suena la flauta. Los lectores no saben qué hacer ante una avalancha semejante. Las editoriales cobran precios desorbitados por esos libros convirtiendo parte de la cultura en un negocio. Los lectores pagamos sin rechistar a cambio de lo que se confunde por eso que llamamos conocer. Unos publican para tener más, otros abonamos facturas creyendo que el conocimiento se puede comprar. Gollum quería ser inmortal. Todos queremos serlo. Gollum no sabía que su tesoro le hacía no ser, no cumplir la tarea para la que vino al mundo. Nosotros parecemos desconocer que el conocimiento nos hace mucho más vulnerables, mortales del todo, conscientes de nuestras limitaciones. Y, entre un movimiento y otro de la conciencia, un poema de Carver, una secuencia realizada con ordenadores, y la cena de la pequeña Gimena. Cerré el libro. Es uno de esos días en los que pensar da miedo porque puedes llegar a una conclusión que no gusta. O lo que es peor, puedes llegar a tener una idea. Guzmán se llevó la mano a los ojos. Otra vez. Le imité. El no quería ver no sé qué ser monstruoso. Yo tampoco. Ni pensar. Tampoco quería pensar.


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