La palabra que me tengo prometida

Son muchas las cosas que se quedan en el tintero, en la punta de la lengua como semilla de frustración. Por pereza, por miedo, por pudor o por esa sensación de ya lo sabe, no hay porqué decirlo, que tenemos.
Y es falso. Todo hay que decirlo. Las palabras escondidas se pudren como lo haría una planta arrancada de la tierra. Sabemos lo que sabemos y otros saben lo suyo. Dar por hecho que tu padre sabe que le quieres es un error. Enorme, pesado. Dar por hecho que un hijo intuye que nada más importante que él hay en este mundo se convierte, cada día que pasa, en un muro imposible de escalar.
Necesitamos ser queridos. Pero, también, necesitamos conocer la dimensión que toman las cosas. Es vital estar colocado en el lugar que corresponde.
Un amigo mira perplejo una actitud cualquiera sin entender. Una frase podría ser suficiente. Pero nunca llega y con esa carencia la amistad se difumina sin remedio.
Decir, contar, confesar. Es el anclaje perfecto al mundo. Oír, escuchar, atender. Es el anclaje perfecto al otro.
Cuando pienso sobre esto, recuerdo cómo decía a mis hijos siendo bebés lo mucho que les quería, lo mucho que representaban para mí. Me veo sonriendo a mi padre para que supiera con certeza la admiración que sentía por él. No me importaba repetir a la mujer que amo hasta dónde llegaba mi necesidad de envejecer a su lado. Brindaba con la copa en alto jurando amistad eterna con los muchachos cada viernes.
Y ahora, tal vez por miedo a que me contesten algo contrario o (peor aún) a que no digan una sola palabra, soy más que prudente. Aunque ahí tengo las sensaciones multiplicadas por un millón. Sólo falta esa frase que destroce una capa de miedo a no ser yo, a encontrarme con un desconocido. Tal vez sea eso. Tal vez.


3 Respuestas en “La palabra que me tengo prometida”

  • Edda ha escrito:

    Hoy iba a dejar este espacio en blanco. Sabes que te leo siempre. Por eso hoy no era necesario decírtelo. ¿O sí?

  • Poma ha escrito:

    Lo peor es guadarse esa palabra para decirla a destiempo, es inutil y fatal¡¡

  • Un lector ha escrito:

    Cuando vuelva a hablar con la persona que amo, lo primero que voy a decirle es hasta dónde llega mi necesidad de envejecer a su lado, que es TODA.

    Mire que soy un lector empedernido y que he leído mucho y a mucha gente, pero qué bien escribe, joder! Yo, como Edda, también le leo cada día, digámoslo todo siempre (cuando se pueda y a quien se quiera, claro).

    Un abrazo, amigo.