La señora Cifuentes, las matemáticas y la inteligencia

Es difícil explicar lo que sucede en España. Y mucho más complicado adivinar cómo acabará todo esto. Mientras los políticos siguen erre que erre con el asunto de la prima de riesgo, con cumplir los deberes que Europa impone, con recapitalizar bancos que han dejado ellos mismos y sus colegas como solares; mientras siguen con esas cantinelas y esconden un futuro cierto a los demás; la gente de a píe sigue sufriendo; pasando las de Caín para llegar a final de mes, para mantener la cordura. El mundo se vive a velocidades distintas. La del que sobrevive y la del que pisotea sin el más mínimo decoro.
Todo es grave. La economía se desploma, una civilización entera se desmorona, la injusticia es aterradora. Todo es grave. Pero hay algo que sobrepasa cualquier límite. El insulto a la inteligencia de millones de personas es vergonzoso. El dinero se lo pueden meter donde les quepa, los escaños al otro lado; sus cargos también. Porque todos nos veremos criando malvas antes o después. Pero la inteligencia, lo único que tenemos intacto, eso no. Que eso lo dejen estar.
La señora Cifuentes dice que había en Neptuno (mientras escribo estas líneas la policía está enfrentándose a los manifestantes y no parece que se lleven bien unos y otros); decía que la delegada del gobierno en Madrid ha cifrado en seis mil el número de manifestantes concentrados. O esta señora no aprobó las matemáticas de 1º de primaria, o sus asesores la quieren mal y dejan que haga el ridículo, o, simplemente, ha decidido que tiene enfrente un rebaño despreciable de animalitos belicosos. Esto no deja de ser una más. Cada día, los políticos se despachan con un trato lamentable a los que les tienen que votar (esa es otra, les seguiremos votando por si acaso (?)), cada día demuestran que su vínculo con la realidad es nulo. Cada minuto muestran un desprecio difícil de encajar.
Definitivamente son incapaces. De muchas cosas. De anclar su vida a la vida, de anclar la nuestra a una pequeña esperanza, de pensar que son seres humanos los que sufren y no teleñecos, de asumir que lo han destrozado todo y que no hay derecho a lo que hacen día tras día. Por ser incapaces, lo son hasta contando personas.
Esto tiene pinta de acabar mal. Y ellos no tendrán la culpa de nada. Claro que no. Eso es cosa de los locos esos que quieren ganar dinero si trabajan, que dicen tener derechos, que no hacen más que comer. Qué pena. De verdad.


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