La tarde del revés

– Se acabó. Repartimos las cosas y cada uno por su lado, dice ella mientras llena su taza de café por tercera vez.
– Pero si vivimos en un piso alquilado y amueblado, no tenemos hijos, no hemos ahorrado ni un euro. ¿Qué quieres repartir si no tenemos nada?, dice moviendo la cabeza negando.
– El tiempo que hemos pasado juntos. Tú te quedas con los malos momentos y yo con los buenos.
– Eso no puede hacerse, deja ya de decir tonterías.
– Claro que se puede. Tú ya lo has hecho sin darte cuenta. Queda que yo recoja mi parte y me vaya, contesta mientras una lágrima escapa delatora de su ojo derecho.


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