La varita mágica

Tampoco esta vez. No hay varitas mágicas, ni atajos para conseguir cosas que necesitan de un proceso para que aparezcan, ni artes de birlibirloque que arreglen todo de golpe. Esas cosas no existen. Ya es oficial.
España está en la situación en la que se encuentra por muchos motivos. Uno de ellos es la corrupción con la que nos esclaviza la clase política. Consiste en que unos pocos se lo llevan en sacos y el resto nos quedamos con cara de bobos sin saber qué debemos hacer. Así en repetidas ocasiones. Y, mientras miramos atónitos, lo vuelven a hacer una y otra vez. Algo que es bochornoso se coja por donde se coja. Así que, de momento, la única varita mágica que funciona es la que permite robar sin que el que la usa pise una prisión o tenga que devolver un céntimo. Decía que España está como está por varios motivos, pero, en realidad, todos se encuentran alrededor del robo manifiesto.
Francamente, no sé si el señor Rajoy es corrupto. Si lo son Javier Arenas o Rubalcaba lo desconozco. Habrá que confiar en la justicia y en el coraje de los investigadores. Pero que la política española huele que apesta lo tengo claro. Clarísimo. El bochorno que nos están haciendo pasar entre todos es más que doloroso. Entre otras cosas porque el único camino que nos queda en dejar de votar a un partido o al de más allá. Es decir, dejar que las cosas se pongan más feas si es que eso es posible. Por eso es doloroso. Porque parece que no hay salida. Lo trágico de todo esto es que el ciudadano normal está indefenso ante tanta tropelía. Abochornado y sin saber qué hacer. Es de tal magnitud el escándalo que hasta los niños preguntan sobre lo que está sucediendo. Todas las instituciones que fueron intocables por su prestigio y servicio se han visto salpicadas por la corrupción de los políticos o la de sus amiguetes. Le tocó en su momento a la Guardia Civil (¿recuerdan al tipo aquel que se llamaba Roldán? Por cierto un tipejo que pasó una larga temporada a la sombra; algo que no sucede en la actualidad ni a la de tres); a la Cruz Roja, ahora a la Casa Real (si quieren a la periferia de esa institución hasta que se descubra que el centro también rebosa dineros de procedencia indigna, claro). Los partidos políticos, las tonadilleras, alcaldes de tres al cuarto o de mayor peso (la gama es amplia), empresarios y todo tipo de personas o entidades, se suman al gran banquete de la corrupción. Hazlo, hazlo, si aquí no pasa nada, parecen decirse unos a otros mientras roban a manos llenas. España es un país lastrado por una banda de sinvergüenzas sin escrúpulos.
Pensaba yo, durante la campaña electoral (la última que hemos sufrido), en cómo era posible que alguien deseara ponerse a pilotar un país en bancarrota, sin crédito alguno en el exterior, desbaratado y lo que quieran ustedes añadir. Ahora, esa pregunta sin respuesta clara cuando me la formulaba ya parece tenerla. Todo en este mundo tiene un porqué. Por muy sucio o lamentable que sea, siempre existe. Y no hace falta ser muy listo para saber de qué se trata esta vez. Y siempre.
Y pienso ahora en por qué no se llenan las calles de todas las poblaciones de España pidiendo que esto se acabe de una vez por todas. Seguramente por miedo a empeorar, a perder lo que tenemos. Sin embargo, es necesario hacerlo. No puede darse una regeneración del sistema político si continúan los mismos al mando y arrastrando una forma de entender las cosas que está podrida. La regeneración debe llegar desde el ciudadano que protesta, que dice que esto no es así, que ya está bien. Algunos tachan de algarada cualquier manifestación del pueblo contra una injusticia o contra lo que parece improcedente. Y no son algaradas; son derechos conseguidos con mucho esfuerzo de quien peleó por ellos. Eso no se puede perder. El dinero ya está perdido y se recuperará poco o nada, pero nuestros derechos deben quedar intactos. Lo llamen algarada o lo que quieran. Protestar en la calle y no votar al que roba, ha robado, protege al ladrón o al sospechoso. Ni un solo voto más. Ni uno.
Los ciudadanos sí que tenemos una varita mágica temible. La debemos sacar a pasear desde ya mismo. Para que no sólo funcione la de los sinvergüenzas. Es temible. Se trata de nuestro voto. Porque si esta banda no gobierna (cualquiera de ellos) no son nada de nada. Se trata de nuestra ideología, de nuestra honradez, de nuestra valentía para enfrentar problemas o abusos. Lo de ellos se llama ansia de poder. Y, por lo que a mí respecta, se la pueden ir metiendo donde les quepa.
Si tenemos esperanza es que la hay. Si la perdemos desapareceremos con ella. Busquen despacito su varita personal y piensen lo que supondría juntar las de millones de personas. Y, si les parece bien, hablen de ello con los que tengan a su alrededor. Hagamos de esto una bola de nieve cayendo por la ladera. Y si llega a suceder comprobarán que las cosas pueden cambiar.


1 Respuesta en “La varita mágica”

  • Araceli ha escrito:

    Ni varita magica ni polvos magicos,salvo que sirvan para hacer desaparecer a estos elementos
    Esto es de traca¡¡¡¡¡¡