LA VERDADERA HISTORIA DE GARFIO (ECUADOR)

El hombre de palo. Una historia fabricada con retazos.

Francisco Hernanz. 16.05.2007

La vida de José C. H. es otra bien distinta a lo que era hace apenas mes y medio. De ser un hombre solitario, acomplejado y con apenas un futuro que nadie quisiera ha pasado a ser el hombre del momento. Unos le consideran afortunado, otros le ven como un último milagro en el que se puede ver al mismísimo Dios, la ciencia le observa como el reto del futuro. Es la gran noticia, el sueño de cualquier persona hecho realidad. De ser un don nadie amargado por su obesidad a ser rifado por todos.

Los fabricantes de productos lácteos, las grandes multinacionales de comida rápida, las marcas más prestigiosas y las salas de fiestas madrileñas pujan por tener a José con unas natillas en la mano, por poder fotografiarle comiendo una gran hamburguesa que a él no le genera un solo gramo de más, luciendo relojes de cuarzo o bebiendo una cerveza junto a sus clientes en las zonas reservadas a famosos y personas importantes.

José C. H. sigue sin hacer una sola declaración aunque los que han podido hablar con él afirman que se siente bien, que hace lo que siempre deseó. No trabajar y vivir del cuento.

Se sabe poco de José. Doña Elvira, su tía, vive en la casa familiar de Cadalso de los Vidrios. “Me cuesta trabajo acostumbrarme a ver a mi sobrino en la televisión entre tanto famoso. Y es una vergüenza que no se acuerde de su familia. Ni mentarnos siquiera. Debería acordarse de las tardes que llegaba del colegio llorando porque le habían pegado y de cómo le consolaba, o de los guisos que le preparé tantos días para que se pusiera fuerte mientras su padre se emborrachaba en el bar y su madre se dedicaba a pintar sin parar la puerta de la cocina. Quince años pintando sin parar, sin fijarse en la criatura. Quise hacer de él un hombre de bien y, mire usted, primero loco como una chota y ahora un finolis desagradecido”. Doña Elvira dijo esto y se levantó para acompañarnos hasta la puerta con los ojos húmedos. Una mujer que sufre desde el cariño. Sin duda.

Tres bloques más abajo de la casa familiar de José C. H. vive Eulalia. Fue la primera y última novia del nuevo fenómeno social. “Me quiso mucho. Le di lo que nadie le había ofrecido nunca, pero tuvimos que dejarlo a los dos años, tres meses y catorce días. Mi padre le ofreció trabajar en la finca que tenemos a un par de kilómetros de aquí y el muy mamón le dijo que si no le parecía que ya tenía bastante cargando conmigo. Un amargado. Eso es lo que es, un amargado y un vago sinvergüenza”. Otra mujer que sufre. Los grandes dan mucho y quitan mucho. Así es José. Pero sufrir desde el amor es otra forma de querer.

Mariví es la dependienta de la panadería sita en la calle en la que residía José antes de alcanzar su peso ideal. “El caso es que siempre hice buenas migas con él. Para algo sirve ser panadera. (Mariví ríe su propia gracia como si le fuera la vida en ello). Me encantaría que viniera a verme. Ya he dejado a mi novio esperando que pueda hablar con José para explicarle lo que pasó, cómo me presionaron todos. A veces no valoramos las cosas hasta que nos faltan. Confío en que todo vuelva a ser como antes.”

José, un hombre querido y admirado por todos. Un hombre que puede mantener el peso ideal sin esfuerzo alguno, un reto para la ciencia. Un hombre de palo con toda una vida llena de triunfos por delante. El ejemplo a seguir por muchos que no creen en que el afán de superación lo puede todo. Una vida ejemplar.


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