La verdadera y única explicación

Dios se sienta en su trono. Estira las piernas mientras se frota los ojos y lanza tres pelotitas de colores al aire. Esto es algo imposible, por ejemplo, para un mortal Pero Dios todo lo puede. A su alrededor, revolotean angelitos que llenan de líneas blancas el espacio celestial dada la alta velocidad a la que se mueven. Algunos practican caídas en picado que nunca terminan de forma trágica ya que son entes espirituales que no pueden despachurrarse contra nada conocido. Frente a Dios vemos un tablero. Él mira fijamente. Ahora, además, mueve el cuello en sentido circular. Si fuera una persona humana y no divina podríamos pensar que intenta relajar los músculos del cuello aunque, como todo el mundo sabe, Dios no tiene ni cuello ni músculos, lo que nos hace pensar que se trata de un gesto vanidoso e inexplicable. De hecho, los angelitos exclaman al mismo tiempo como si fueran un solo ángel extasiado ante semejante belleza. En realidad, fingen gran impresión para poder seguir jugueteando por los aires de la eternidad (destino deseado por todos en lugar de la otra opción, mucho más calurosa y sombría).
En el tablero (recordamos que lo tiene frente a él) se pueden observar un gran número de piezas en movimiento. Aparecen, chocan, arden, se desmoronan, son tragadas por aguas y fangos. Las que ya no sirven van cayendo en un deposito que las recicla. Unas aparecen convertidas en angelitos que revolotean torpemente al ver la luz celestial. Otras son introducidas en lo que un ser humano llamaría cacerola, cerradas a cal y canto y puestas sobre un fogón.
Dios llama a uno de los angelitos voladores. Este acude, y escucha con atención lo que le dice. Se da la vuelta, pero no ha debido entender algo porque vuelve a girar sobre sus propias alas. Escucha de nuevo.
– A mí eso me lo da por escrito. Que yo me he ganado esta plaza con mucho esfuerzo.
– Mira, tira que me estas poniendo de mala leche. A ver si te voy a tener que meter en una perola a presión, capullo; replica Dios con el brazo en alto, como si amenazara con lanzar un rayo fulminante.
El angelito mueve las alas con una rapidez  endiablada (esto es sólo una forma de hablar puesto que en el cielo nada puede parecerse a eso, pero para expresar se aceptan estos recursos sin penitencia añadida). Vuela en dirección a un lugar que sólo él y su jefe conocen. Regresa. Lleva en la mano un gran libro. En la otra, plumas y tinta.
– Venga, te metes aquí y les escribes un buen libro de instrucciones. Hazte pasar por varios personajes. Así tendrá más credibilidad la cosa. Les gusta mucho el rollo fantástico a estos humanos, así que ya sabes. Ya te iré enviando ayuda y eso.Venga, para adentro.
Convertido en hombre, helado de frío, con más mierda encima que un jamón, escribe la primera palabra. Génesis.


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