La violencia de un segundo

Escuchas esperando el llanto de un recién nacido; de un te quiero que, tal vez, nunca se pronuncie; de la cerradura que alguien mueve al irse. Un segundo convertido en la vida entera, en futuro incierto, en lo poco que te queda.
Alargas el brazo queriendo tocar eso que dejaste en secreto, allí mismo. Pero las yemas de los dedos se quedan vacías. Intentas el roce de piel con piel para que sienta que existes. Palpas la madera de una talla pidiendo suerte a la figura ensangrentada. Todo el universo se envuelve con fracciones de tiempo diminutas. Las mismas que te golpean para colocarse sin ton ni son.
Miras buscando entre un millón de personas sabiendo que el azar es caprichoso, pero que todo puede pasar. Entornas los ojos esperando ver el final de un recorrido que te está dejando vacío. Resuena en las sienes un sonido con la cadencia perfecta. Nada puede cambiar ese ritmo atroz que te deja fuera para siempre.
Y respiras con fuerza para que el recuerdo se marque en el interior. El sabor amargo de hoy pelea con fuerza. Deseando que todo sea como lo que aquel día se instaló en la memoria.
Todo puede cambiar. Porque la balanza se equilibra con las cosas insignificantes.


3 Respuestas en “La violencia de un segundo”

  • Edda ha escrito:

    En las situaciones adversas, esos pequeños detalles son los que cuentan. Sólo hay que utilizar los cinco sentidos para cambiar el peso en la balanza.
    Sólo un inciso: Cuando el aire huela a chamusquina, sal corriendo, jeje.

  • Siberia ha escrito:

    Vaya, don Laureano. En ciertos sitios se le echa de menos.

  • admin ha escrito:

    Don Laureano está mayor y se deja ver poco.