Letra y espíritu

El cura de mi parroquia se empeñaba en contar a los chavales historias terribles durante las sesiones de catequesis. En esa época (allá por 1972), las Sagradas Escrituras eran explicadas desde una teología absurda, desde la ignorancia de unos hombres que apenas entendían nada de lo que tenían a metro y medio, pero que se afanaban por explicar las cosas de Dios con cierta naturalidad. Recuerdo muy bien el día que le pregunté sobre la descendencia humana después de Adán y Eva. Tienen dos hijos: Caín y Abel. Caín mata a Abel. Es decir tres seres humanos sobre la tierra. Dos hombres y una mujer. Conclusión: Caín debió tener hijos con Eva o, al menos, debió tenerlos con alguna hermana nacida de Adán y Eva. Qué lío me rondaba la cabeza. Sin embargo, aquel cura lo tenía muy claro. La palabra de Dios no se podía discutir y yo era, además de medio tonto, un pequeño hereje. Con el paso de los años, de acumular muchas horas de estudio y de lectura, descubrí que me habían estafado. En el capítulo cuatro del Génesis, concretamente en los versículos catorce y quince (Gn 4, 14-15) se resuelve este asunto de la forma más clara posible. Caín siente miedo al ser castigado porque “cualquiera que me encuentre me matará” dice dirigiéndose a Dios. Dios le marca para que nada de eso ocurra. Es decir, queda claro que hay más habitantes en el mundo. Muchos más. No lo digo yo, lo dice el mismísimo Dios a través de su hagiógrafo. Y es que la letra mata y el espíritu vivifica, o lo que es igual, no podemos limitarnos a leer de forma literal todo aquello que cae en nuestras manos, estamos obligados a interpretar lo que nos dicen.

Todos los cristianos (digo cristianos porque no es lo mismo que decir católicos) deberían saber que el capítulo cuarto de la Biblia no narra la historia de un asesinato. Lo que en esos versículos se explica es la forma de ver la vida del pueblo judío. Si leemos con atención el comienzo del génesis vemos como Adán y Eva son expulsados del paraíso terrenal por comer un fruto prohibido. Trabajar y ganar el sustento con el sudor de sus frentes es parte del castigo, aunque lo peor (el verdadero castigo por cometer el pecado original) es estar alejados de Dios. Desde ese momento hay que buscarle sin parar. El camino es buscar, buscar, buscar. Caín es el sedentario, el que se queda en su tienda cultivando, cazando cerca de casa. Abel es el nómada, el que tiene que buscar los mejores pastos para sus rebaños, el que busca, busca y busca. Esa es la propuesta de vida del pueblo judío. Caín el sedentario mata a Abel el nómada. Sedentarismo frente a nomadismo. Solo buscando se puede crecer como persona y sólo logrando llegar a construirte como ser humano se puede volver junto a Dios. Aunque de una forma muy reducida y, quizás, algo tosca, esta es la idea fundamental.
Por lo que se ve, el cura de mi parroquia no se enteraba de nada y aquel niño que preguntaba esas cosas no era ningún hereje.
Algo parecido ocurre hoy con la literatura. Leer de forma literal lleva al lector por caminos equivocados, peligrosos. Me encuentro a menudo con personas que critican una novela por causas de lo más absurdas cuando, en realidad, no han sabido leer el texto y no se han enterado de nada. Por eso, igual que hacían un buen número de curas en tiempos pasados (y no lejanos), muchos aportan su opinión y su interpretación cargados de razón, y a estos se les unen muchos más que se encuentran en una situación similar. Todos creen poder opinar “porque los gustos son los gustos”, criticando a los que sí saben lo que tienen entre manos, a los que se les tacha de “intelectuales de pacotilla” cuando defienden lo que ellos no son capaces ni siquiera de intuir. Este es el gran éxito del best seller. Todo el que lo lee lo entiende. La pena es que en esos libros no hay nada que entender, que están llenos de historietas. Sólo de historietas. Son esos otros libros, los que se acumulan en los almacenes, los que están escritos por y para los criticados “intelectuales de pacotilla” los que pueden mostrar diferentes versiones de una realidad que, poco a poco, se está convirtiendo es un gran fracaso de la inteligencia. La Biblia sería un excelente best seller (de hecho lo ha sido durante siglos) si no fuera por los teólogos que insisten en leer la palabra de Dios desde la razón humana hasta donde se puede llegar. Pero no creo yo que el Dios judeo-cristiano tenga pinta de ser un intelectual venido a menos. Aunque igual le están confundiendo con uno de ellos. Quizás por eso se está quedando con pocos clientes.


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