Libros esperando su turno

Son muchos lo libros que me recomiendan al cabo del año. No son tantos los que puedo leer. La falta de tiempo es grande, la selección obligatoria a causa del trabajo hace que prescinda de algunos títulos y un buen número de esas recomendaciones, simplemente, las paso por alto.
Con las novelas o los poemarios que me interesan, pero para los que no encuentro un hueco, voy construyendo una pila que descansa sobre el suelo. Llega al borde de la mesa. A veces, cuando dejo de escribir, alargo el brazo y cojo el primero del montón. Esto hace que los más antiguos sigan a la espera porque ocupan los lugares más cercanos al suelo. Algunos me dejan de interesar muy pronto, otros los leo despacio, a ratos.
Hace unos días invertí el orden del montón. En la zona más alta quedó colocado un libro de Menchu Gutiérrez, “Disección de una tormenta”, editado por Siruela. Es una novela breve, poco más de cien páginas. Creo que fue la propia editora la que me dijo que no podía dejar de leer ese libro. El caso es que no fui capaz de parar hasta la última página. Se trata de una novela magnífica. La literatura de Menchu Gutiérrez es un caso extraño (siempre pensé que eso era una rareza) en el que se entremezclan los lenguajes narrativo y poético sin que el resultado sea un desastre.
Al acabar, lo dejé en el mismo lugar. Tengo que volver a leer las ciento y pocas páginas de ese libro. Me lo pide el cuerpo y, seguramente, la pluma que rebosa tinta verde.


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