Limpieza

Acabo de hacer limpieza en mis cuentas de correo electrónico. He dejado lo que he creído imprescindible. Muy poca cosa. El resto ocupaba espacio en el disco. Y un espacio que, en realidad, no tengo en la cabeza.
Apenas he leído los mensajes mientras pulsaba la tecla correspondiente. Y cuando lo he hecho (leer alguna línea suelta) he borrado casi con angustia. Ya está. Ya no tiene remedio. Alguna cosa me habré cargado sin saber que me estaba llevando por delante un buen recuerdo, la palabra de aliento de un amigo, ese mensaje que espero encontrar la mañana que quisiera desaparecer del mapa y que milagrosamente ha llegado. Eso seguro. Tan seguro como que me he quitado de encima un montón de mierda.
Hoy me muevo con cuidado. No sé muy bien la razón. Procuro pensar cada cosa que hago por pequeña que sea. Agarro con mimo cada objeto. Todo se vuelve íntimo.
Mañana será otro día.


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