Lo efímero de lo ajeno

– La vida continúa. Nada cambió. Todo era un espejismo.
– La de mucha gente dejó de ser la misma. ¿Por qué te empeñas en hacerte de menos? Sabes que eres importante para otros. Al menos deberías ser consciente de ello.
– Espejismos. Unos y otros. Procuro parecer algo que no soy, pero sé lo que escondo. El resto quisiera ser como se muestra y no tiene ni puta idea de lo que les ha llevado hasta donde están. Espejismos.
– Ver la vida desde ahí es un sufrimiento constante.
– No verla desde ningún sitio es una tristeza. Y una condena cruel a no ser nada, a no poder recordar ni como te llamas.
– Estás fatal. Deberías dejar que te ayude alguien.
– No, no estoy fatal. El problema lo tienes tú. A nadie le gusta tener al lado sufrimiento o tristeza. Sólo resistes tu propia mierda. Como todos los demás. Los que negáis que el mundo es como es sois los que necesitáis ayuda. Yo me sé el camino. Y asumo el final. Lo demás es cosmética. El mundo es cosmética. Enmascara un tiempo que sólo se traduce en muerte.
– Por favor, deja que hable con un profesional. Seguro que sabe cómo enfocar todo esto. Me preocupa mucho lo que dices.
– Te inquieta tener que ocuparte de mí. Hace mucho tiempo que dejaste de saber lo que significa amar. Quieres tranquilidad. Yo la he encontrado, Busca la tuya.
Se levanta. Mira la tela del sillón arrugada. Se inclina para estirarla con cuidado, como si fuera una cuna, piensa. Sale a la terraza. Suena el teléfono y ella contesta. Eso es la frontera entre una cosa y otra, todo vuelve a ser lo que era, lo que siempre fue, el mundo son muchos si no estás solo, murmura.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


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