Lo que cabe en un confeti

Algunos autores se empeñan en contar todo al escribir. No dejan un solo detalle sin narrar, un solo gesto. No eliminan una mínima parte de un diálogo que mantengan sus personajes durante la acción.
Esto que puede parecer una ventaja para el lector o un trabajo inmaculado del escritor no deja de ser un error que sólo los principiantes o los malos escritores cometen cada día. En el caso de los que quieren ser escritores suele ser un síntoma claro de inseguridad. Aún no comprenden que el lector es mucho más listo de lo que solemos creer y muy capaz de rellenar con solvencia esas zonas en las que el narrador se inhibe o no quiere contar por parecerle innecesario, irrelevante o mucho más significativo el silencio (digo el narrador y no el escritor porque no son lo mismo). En el caso de los escritores malos, aún sabiendo que el lector es un ser que está a su altura (la soberbia de algunos autores es lamentable y cercana al ridículo) el recurso de extenderse para relatar hasta el último detalle viene del miedo a sí mismo y al crítico que pueda decir “quedan demasiadas cosas sin decir”. Un mal crítico, claro. Pero sobre todo se debe a la incapacidad técnica para lograr un efecto que debería conseguir con una frase y que, sin embargo, lo ha de alargar un párrafo o una página entera.
Si una novela comenzara diciendo “Se despidieron. Veinte años después era capaz de recordar el sabor de sus labios. Su mujer esperaba en la habitación. Pensó que de ella no recordaba apenas el color de ojos”, ¿sería necesario narrar los veinte años que separan un beso del momento actual? ¿Acaso no sabemos que el personaje dejó atrás a la mujer de su vida y eso le marcó para siempre? Creo que es del todo innecesario. Y creo que no narrar (en este caso) es la mejor forma de hacerlo.
Y, sin embargo, las mesas de las librerías están llenas de novelas que alcanzan novecientas páginas cuando podrían ocupar cincuenta o sesenta, que se venden como churros no sé porqué extraña razón. Y lo peor de todo es que existen escritores estupendos, con una narrativa poderosa, que no son capaces de publicar sus obras para que los de siempre sigan publicando sin ton ni son (aunque escriban una estupidez o aunque extiendan cuatrocientas páginas lo que podrían decir en un confeti).
El lector no es tonto, pero empiezo a pensar que le sobra tiempo o dinero. Cosas valiosas ambas. O que yo me estoy volviendo loco. Cosa que también empiezo a valorar mucho. Pero mucho.


1 Respuesta en “Lo que cabe en un confeti”

  • Núria A. ha escrito:

    Este texto lo leí en su día, lo comprendí de una manera regular. Hoy, por distintas razones, entre ellas una clases gratuitas, lo comprendo a la perfección. Tienes razón, hay que dejar espacio al lector y no subestimarlo.
    Gracias G. Hoy por este mismo motivo he recomendado a alguien tus dos novelas por aquello del mostrar y el decir.