Lo que nos hemos dejado atrás

Que una imagen vale más que mil palabras es una afirmación bastante dudosa. Y convertida en verdad absoluta puede llevar a decir alguna que otra idiotez a aquel que la cree sin preguntarse más allá de las propias palabras. Una imagen vale más que mil palabras. Una palabra puede ser tan importante como un millón de imágenes. Eso es seguro.
Hoy, parece que si no vemos las cosas no somos capaces de creer en ellas. Si no las podemos ver no somos capaces de imaginar cómo podríamos tocarlas u olerlas. Cómo escucharíamos su roce contra nuestra piel o cómo recibiríamos su aroma una mañana cualquiera. No podemos ver y no sabemos creer. Es el materialismo estúpido que rebosa en cada televisor, en cada poste publicitario o en cada conversación de cafetería. No vemos y no pensamos sobre ello ni decimos una palabra.
Creo yo que nos estamos dejando atrás la mitad de lo que somos. No se trata ya de creer en Dios o de crear un mundo fantástico para sobrevivir. No me refiero a eso. El problema es renunciar a uno mismo. ¿Dónde quedaron las ideologías? ¿Dónde abandonamos las ideas para cambiarlas por un piso convertido en el tótem que todo lo puede? ¿Por qué nos parece alguien un cursi engreído en cuanto abre la boca para decir algo mínimamente inteligente? ¿Somos tan tontos como parecemos? ¿Los chicos y chicas quieren ser médicos o preferirían aparecer en un plató de televisión diciendo cosas propias de anormal para ganar dinero fácil? ¿Dónde enterramos la capacidad para creer en lo que no vemos? ¿Hemos limitado nuestra existencia a lo que nos ocurre entre estas cuatro paredes que es el mundo? ¿Por qué queremos ser tan enanos, tan insignificantes?
Hemos cambiado cualquier imagen por todas las palabras de mundo, por lo que somos, por nuestra forma de pensar. Hemos cambiado el ser por el tener. Por el parecer.
Ya sé que no estoy descubriendo nada nuevo. No es nada original lo que digo. Pero hoy he sentido la necesidad de decir algo así. Pienso en el asalto del ejército israelí al barco que viajaba cargado de ayuda humanitaria. Unos tipos disfrazados de héroes abordan un barco, se lían a tiros y el mundo entero se pone patas arriba. Lo hemos visto en la televisión, es real. Pero es que hace dos días, esos barcos corrían peligro del mismo modo, el pueblo palestino pasaba las de Caín, el ejército de Israel repartía estopa aquí y allí. Y no pasaba nada para el noventa y nueve por ciento de la población mundial. Nadie se paraba a pensar en qué sucede, en cómo rectificar, en cómo solucionar un problema que nos explotará en la cara. Nadie piensa si no ve. Nadie quiere luchar por nada que no sea su cuenta bancaria. Nadie tiene una ideología que se alimente de sí misma y de lo que vaya llegando nuevo para enriquecerla. Esto es una mierda llena de imágenes de televisión, imágenes que si no son violentas no venden ni un céntimo. Y miramos para ponernos tan violentos como los protagonistas. No miramos para pensar. Que va. Eso está lejos y no nos afecta en gran medida. Soltamos espuma por la boca diciendo esto o aquello, los más atrevidos lanzan cuatro piedras sobre la policía, y ya está. Una mierda. Se lo digo yo. Hasta que no pensemos y digamos, hasta que no recuperemos nuestra zona más espiritual o intelectual o como quieran llamar a eso, el mundo seguirá siendo una cloaca. Una verdadera pocilga.


5 Respuestas en “Lo que nos hemos dejado atrás”

  • Castaedo ha escrito:

    Mirar y no ver, no mirar, ver sin mirar…Tanta imagen nos provoca ceguera mental, las imágenes se suceden vertiginosamente y luego se olvidan. Las palabras no, por más que hay quien se empeñe en decir que hay quien se las lleva el viento, por eso me gusta tanto leer: es un acto consciente y voluntario. Un saludo.

  • Núria A. ha escrito:

    Se empeñan en que nademos siguiendo la corriente de la porquería. Que además lo hagamos ciegamente, con un antifaz colocado en forma de televisión instantánea. Que no pensemos, que no leamos, que sólo visualicemos. Per convertirnos en un “eso” sólo depende de nosotros mismos. De querer nadar contracorriente o seguir la estela de la mierda.

  • Isadora ha escrito:

    Yo si creo que una imagen puede valer más que mil palabras. Por supuesto que tan sólo alguna de esas imágenes excepcionales, reveladoras y repletas de contenido con las que nos obsequia de vez en cuando la naturaleza o nos tropezamos, sin pretenderlo, en algún instante de nuestra realidad cotidiana cuando se pone de manifiesto algún simple gesto cargado de humanidad. Si, excepcionalidad y cotidianeidad, pero en ambos casos se nos exigiría, para ser plenamente conscientes de lo acontecido, estar medianamente atentos y con toda nuestra capacidad de asombro intacta, y, claro está, suele ser más que difícil.
    Hay imágenes que no las mejoraría ninguna palabra, seguramente ni las mejoras palabras hilvanadas por el mejor de los escritores en su momento de máximo acierto. Pero dicho lo dicho, y partiendo de la base que no deja de ser una opinión sin más, por lo que se refiere al resto de su escrito lo suscribiría al mil por mil.
    Siempre nos quedamos en la anécdota, en lo intranscendente, en lo aparente y superficial, y las imágenes con las que nos bombardean día tras día responden, por supuesto, a esas actitudes, las de incentivarnos en el pasar de puntillas por lo comprometido y obligarnos a quedarnos absortos en lo más banal. Por ello son sabiamente toscas, las más burdas, las más acertadas para acelerar nuestra alienación y convertirnos en lo que empezamos a ser irremediablemente, esclavos de nuestra propia estupidez.

  • Edda ha escrito:

    El problema es que no vemos el fuego hasta que nos quemamos. Sabemos que está ahí, pensamos que alguien lo apagará y que no va a llegar hasta nosotros. Pero no movemos ni un dedo hasta que somos nosotros mismos los que nos quemamos. Mientras, sólo podemos hacer una cosa: No encender la chispa.

  • Ana María Lozano ha escrito:

    Una imagen vale más que mil palabras, yo siempre he pensado que sí, que vale más. Pero… ¿qué es una palabra? ¿Qué son las palabras? ¿Acaso son signos compuestos de otros más pequeños (letras) a través de los cuales se expresan, expresamos sentimientos?
    Si esto es cierto, las palabras son tan importantes como la mas bella imagen posible. Se me ocurre que el sentido de la vista está tan valorado, tan magnificado (es maravilloso,cierto)
    que nos olvidamos de otros… el oído, sin él la música se reduciría a lo que “oía” Beethoven, genio sordo. A sentir la vibración en los pies de un ritmo sin sonido…, triste esto. El tacto, tan importante para un ciego, etc.
    Pero las palabras, escritas o no,(antes de irme más por las ramas)tienen la magia de hacernos ver las mejores imágenes que se nos ocurran y se les ocurran a otros, en nuestra mente. Magia pura.
    Basta con leer algo bello y lo imaginamos. Por cierto, no les ha ocurrido alguna vez leer unos clásicos de jóvenes (Tintín, por decir uno) libro tras libro, en nuestra infancia, y luego llega la película y … horror: no nos gusta su voz, ni su imagen, la del actor de turno. Nos gustaba la voz que imaginábamos nosotros o ninguna. Lo mismo con los libros, se suele escuchar decir que las películas son peores que los libros en los que están basadas. Para gustos, colores. He dicho el verbo “imaginar” varias veces en mi comentario, pero… ¿cómo imaginar algo si nunca lo hubieramos visto antes?
    Difícil saber mi opinión. La imagen, creo, es algo único. No sé si vale o no más que “lo que sea”, pero es algo mágico. Es una ventana al mundo. A veces engañosa, y sin embargo creemos ciegamente en ella.