Lucha de titanes (1)

– Te he visto y he sabido que eras la mujer de mi vida, dice sujetando la copa con la mano izquierda a la vez que mueve la derecha de un lado a otro intentando parecer elegante.
– Pues yo te he visto y he pensado que soy como un imán para los gilipollas. Mira, muchacho, tú lo que quieres es llevarme al huerto, acabar en la cama y aquí paz y después gloria, contesta ella mientras apaga el cigarrillo en el cenicero de cristal.
– ¿Qué podría hacer para que me creyeras? Pide lo que se te ocurra, vamos.
– Pues mira, de momento paga la cuenta.
– Me acabas de decepcionar.
– No, te acabo de decir que de cama nada.
– Pues deberías saber que hay muchas tías sin tanto complejo.
– Y tú deberías saber que a mí se me quitaron los complejos con hombres de verdad.
– Bah.
– Gilipollas.


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