Madurar

Fue cuando tenía siete años. Un vecino me lo dijo. Los Reyes Magos de Oriente desaparecieron del mapa para siempre. Todo se convirtió en lo que ahora es. Lo real. Fue como recibir un gancho en el hígado. Pero un crío con siete años tiene capacidad suficiente para convertir una gran decepción en una gran ventaja frente a los adultos. Fingir aquí y allí, poner cara de no saber nada de nada, disfrutar de unos mayores empeñados en hacerte feliz a base de regalos. Fue fácil superar aquello.
Durante algunos años pensé que los Reyes Magos habían desaparecido para siempre sin saber que la vida está llena de ellos que terminan, como los “auténticos”, siendo un engaño terrible.
Las decepciones, cuanto más inesperadas, más se parecen a aquel primer descubrimiento de la mentira. A esto se le llama perder la inocencia, o hacerse mayor, o cagarla. Incluso algunos lo llaman madurar.
La vida está llena de baches que la convierten en una especie de carrera de locos en la que puedes encontrar a Pierre Nodoyuna y su lindo pulgoso, Pedro bello, Penélope glamour, tú mismo convertido en el villano que deja pedruscos en el camino o un buen montón de TNT marca Acme. Madurar es descubrir que tu padre no es ese héroe invencible ni tu madre la dama de las camelias, que el matrimonio es la más difícil de todas las pruebas posibles, que un amigo puede “hacer dedo” en la carretera y subir en el coche del enemigo para saludarte en la primera curva peligrosa con cara de angelito. Cada día descubres que no existen las hadas, ni sus majestades, ni Santa Claus. Ni tú mismo que acabas de echar a la cuneta a otro que te adelantaba por la derecha. Esto es más complicado de superar.
La buena noticia es que, con el paso del tiempo, aprendes que lo único importante es que los Reyes Magos que negaste son los que están en su sitio cada año, que dejan regalos debajo del árbol engalanado, rodeado de pares de zapatos brillantes, llueva, nieve o caiga la mundial. Es lo único verdadero porque es en lo único que creíste sin límites. Con toda la inocencia del mundo. Cuando tus padres eran invencibles y maravillosos. Cuando el universo se movía con tranquilidad para que cada cosa estuviera en el lugar justo.
Mañana dejaré los zapatos recién cepillados donde toca. Pensaré al acostarme que todo es verdad, pediré lo imposible por si las moscas. Una noche así puede ser mágica. Es la única del año en que la verdad se apodera del cosmos. Seré obediente desde la inocencia y me obligaré a dormir pronto para no ver a los magos. Total es un día de trescientos sesenta y cinco.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


7 Respuestas en “Madurar”

  • Edda ha escrito:

    La magia no se ha perdido, Gabriel, ni en los niños y ni en los adultos. Aparece cuando menos te lo esperas.

  • Carmen Neke ha escrito:

    Que te regalen algo que deseas (o que ni siquiera sabías que deseabas) siempre es mágico. Y a veces, algunas veces, hasta puedes llegar a encontrar lo imposible junto a esos zapatos recién cepillados. Así que si yo fuera tú, cerraría bien los ojos la noche del martes al miércoles y procuraría dormir como un bendito. Por si las moscas.

  • MERCHE ha escrito:

    Noche mágica de ilusiones… que nunca se perderá…. hay que mantener viva esa ilusión.. para ver a la mañana siguiente esas caritas!!!

  • Poma ha escrito:

    Si señor ¡¡ Aunque solo sea por una noche, que le verdad y la magia nos contagien.
    Gabriel y comentaristas les deseo lo mejor junto a sus zapatitos¡¡¡

  • Vera ha escrito:

    Yo descubrí el asunto bien temprano, y no pasó nada. Casi nunca pasa nada. Con ilusión seguí, hasta mis 15 años, disfrutando del evento… e intentando averiguar en qué lugar se escondían los dichosos regalos. Y digo hasta los 15 años porque fue entonces cuando mis padres decidieron que ya era mayor (y la naturaleza lo decidió un año antes, aunque yo no) y comenzaron a regalarme ropa, libros, dinero… todo aquello que uno no desea, todo aquello que ya no es sorpresa. Y hasta hoy. Año a año perdiendo el olor, el sabor…

    Mis hijas, de momento, viven el ensueño… y espero que el aterrizaje no sea muy dramático. Nunca lo fue. Tan sólo es el comienzo de la verdad. Pero luego vendrán nuevos niños, y otros, y otros… sin olvidar nunca que esto es tan solo un invento nuestro que para la gran mayoría (supongo) no existe.

    Feliz día para los padres y para vuestros pequeños.

    Besos

  • Sofía Serra Giráldez ha escrito:

    La ingenuidad es la inocencia del que ya sabe. Según DRAE:desus. "Que nació libre y no ha perdido su libertad", para poder seguir creyendo sin límites, añado en compañía de las palabras claves de tu texto. Se puede conocer sin tener por ello que dejar de poder creer.
    Que reconfortante resulta encontrar, en una prosa breve y bien articulada los pensamientos y sentimientos que una ha ido desplegando por sus versos a lo largo de algunos años. Es la confirmación del pre-sentimiento que hace posible la expresión poética, en definitiva, la expresión del ser humano hacia el otro, saltar al vacío sin límites, pre-sabiendo que encontrarás unos brazos,el regalo que propia ingenuidad hace posible se valore sólo por la presncia de lo que siempre aparece, porque siempre nos ha acompañado, siempre ha estado ahí, es la aletheia del otro.
    Los reyes magos somos todos para todos cuando nos damos.
    Gracias.

  • Anonymous ha escrito:

    Esta es nuestra noche, la de los niñ@s que todavía queremos creer en los Reyes Majos. Sr. Jones